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Crítica:ARTE

Una refinada libertad

Nacida en Vigo en 1963, Berta Caccamo es, para mi gusto, una de las personalidades de mayor interés dentro de esa hornada de jóvenes artistas gallegos que surge en la segunda mitad de los ochenta.Se trata de una serie de artistas cuyas posiciones se distancian ya de aquel expresionismo más inmediato sobre el que se cifró él mito de un supuesto reencuentro con las raíces de identidad de la cultura atlántica.

Por su parte, la pintura de Berta Caccamo nace de un sutil equilibrio entre libertad y control, de una refinada intuición poética cuya contención. no merma ni siquiera en un ápice el grácil aroma de espontaneidad que destilan sus telas.

Su trabajo se mueve dentro de una gama de color muy reducida, presidida por tonos negros, grises, blancos, acompañados de algunos acentos pardos, y siempre aparece marcado por la sombra virtual de un tratamiento que, aun respondiendo a una mecánica de impulsos muy directos, obtiene, sin embargo, una delicada riqueza de matices.

Berta Caccamo

Galería Antonio Machón. Conde de Xiquena, 8. Madrid. Hasta el 20 de enero.

Son matices cuya intensidad consigue impactarnos tanto más en la medida en, que se muestran ajenos a toda sospecha de elaborado esfuerzo.

Aleatoriedad

En esa misma aparente aleatoriedad se recortan las grandes formas y se extienden, a capricho, los límites de las manchas que impregnan el lienzo.De ese modo, su aura automática nos convierte también en más extraña, y contagiosa a un tiempo, la misteriosa y delicada espacialidad que alcanzan las obras. Ése es, a mi entender, el particular y prometedor encanto que posee el trabajo que muestra esta joven pintora gallega: un encanto que puede definirse como una suerte de refinamiento inocente, como sustancia natural que aflora en el voluntario abandono al flujo de la libertad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de enero de 1992