La soleá, una lección de belleza y sobriedad
El Güito levanta los brazos y dibuja la soleá en el aire. Los jóvenes bailaores, tan proclives a parar las guitarras y dormir a las ovejas metiendo los pies como si en ello les fuera la vida, debieran ver esta soleá mil veces al día, hasta que se enteren de que hay que bailar una música y de que el baile flamenco no es un ejercicio de pisar uva a destajo para ganar un jornal. La soleá de El Güito es siempre una lección de belleza, de armonía, de sobriedad.Fue una noche de plenitud flamenca, ennoblecida por el arte de unos artistas de excepción que actuaron de manera desinteresada en este concierto organizado por la Asociación España Abierta, en colaboración con diversos organismos, a beneficio de los niños necesitados de la región andina.
Concierto benéfico pro Andes
Guitarra en concierto: Jerónimo, Gerardo Núñez. Cante: Chano Lobato, Carmen Linares, José Mercé. Toque: Juan Habichuela, Paco Cortés, Bola. Baile: El Güito. Madrid. Teatro María Guerrero. 16 de diciembre.
La mejor cantaora
Hubo cante de la mejor ley. ¡Qué alegría oír a Carmen Linares con la misma fuerza, idéntica garra que antes de su enfermedad! Esta, sí, es nuestra Carmen, como dirían en mi pueblo. Es decir, la mejor cantaora de hoy, que en los tientos, la taranta, la bulería por soleá y unas bulerías de primor, dio fe de que sigue estando ahí, de que es la gran señora del cante.Mercé cantó con el corazón en la boca, a tumba abierta, y su soleá fue ejemplar. En cuanto a Chano, mermado de facultades por eso de la gripe, su sabiduría le hace mover los cantes, buscar el pellizco, meter flamenquería a raudales allí donde su voz se queda corta.
La guitarra en concierto fue otro capítulo importante en una noche en que todo salió redondo. Dos artistas de distinto signo, Jerónimo y Gerardo Núñez. Jerónimo Maya tiene 14 años y es un milagro ya, no sé si de madurez; en cualquier caso, sí de fabuloso entrañamiento con el alma -el alma he dicho- del instrumento que en sus manos nos da sonidos mágicos. Su toque por granaínas fue un portento de sentimiento y jondura.
Como lo fue la siguiriya de Gerardo Núñez, un verdadero virtuoso, el hombre seguramente más capaz de sacar a esas seis cuerdas sonidos de una complejidad y una brillantez increíbles.
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