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El nuevo bachiller

EL ATRACTIVO principal del proyecto de nuevo bachillerato adelantado por el Ministerio de Educación es que aligera el enclaustramiento del alumno en su especialidad. Queda para el recuerdo la vieja alternativa entre Ciencias y Humanidades. Se proponen cuatro ramas, con una mayor opcionalidad en la selección de asignaturas no troncales. De esta manera, el estudiante matriculado, por ejemplo, en Tecnología puede seguir interesándose por materias como el latín. Una opción no conduce al total olvido de otros aprendizajes.Esta mayor libertad a la hora de escoger asignaturas no debería verse, sin embargo, dificultada por unas nuevas pruebas de acceso a la Universidad -todavía por definir- que desaconsejaran al alumno, como ocurre ahora, estudiar otra materia distinta a la especialidad universitaria a la que aspira. El actual COU, que desaparece con el nuevo bachillerato, empezó con una filosofía que no pretendía forzar la madurez del estudiante. Se trataba de darle tiempo para algo tan importante como decidir si se quiere ser ingeniero o filólogo: de darle argumentos para saber qué es la ingeniería y la filología. Este curso de orientación universitaria, sin embargo, quedó absolutamente desvirtuado cuando se introdujo la selectividad y todos los estudiantes tuvieron que abandonar las vacilaciones que supuestamente amparaba el COU en favor de un currículo que les colocara favorablemente ante el examen de ingreso a la Universidad.

La reforma se acerca a la idea del bachillerato como período de formación y no meramente como preparación instrumental para una especialidad universitaria. Ser bachiller puede valer la pena incluso si en el horizonte personal de muchos de ellos no figura la carrera universitaria, porque quieren entrar en el mercado laboral o en la formación profesional de grado superior. Acortarlo a dos años no tiene que ser ningún drama si la enseñanza obligatoria es algo más que un entretenimiento forzoso para los jóvenes, que, por ley, deben ser estudiantes hasta los 16 años. En definitiva, si se puede aprovechar el tiempo en la escuela.

La ambición de la idea debe ir acompañada de una similar ambición presupuestaria para que este abanico de opciones que tiene el alumno no se quede en la teoría y el hecho de estar matriculado en un centro ya prefigure, restrictivamente, el tipo de asignaturas que podrá disfrutar. Por otra parte, el capítulo de dotación y reconversión del profesorado no es accesorio. En este punto, el empeño presupuestario no debe ser tímido, y sólo así podrá defenderse el proyecto de las batallas corporativas que pueden desatar algunos profesores que ahora dan sólo BUP y que, con la aplicación de la LOGSE, pueden verse dando clases a alumnos de segundo ciclo de secundaria.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 23 de abril de 1991.

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