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Crítica:TEATRO: 'BECKETTIANA'

Como un concierto

No sé por qué los textos de Beckett me suenan siempre como a masculinos; quizá por una errónea educación cultural mía que relaciona con el hombre ciertos temas de responsabilidad trágica; quizá porque Beckett sufrió él mismo ese error en la parroquia de su padre y en la masculina -católica- Irlanda; como me suena también su voz a la propia de un pensamiento bilingüe, a la duda por la palabra fácil para buscar otra más exacta, y la frase más corta para decir antes lo que se quiere, y repetirlo de la misma manera para cerciorarse de su sonido y de su penetración; y tentarlo con alguna otra forma verbal para rectificar después. Hay algunos otros ejemplos ilustres de bilingüismo que podrían corroborarlo. Con estos prejuicios que confieso, en la jornada del María Guerrero encuentro sobre todo dos grandes valores, el del traductor Juan Benet y el del actor Hinojosa: halla el primero esa equivalencla castellana de la frase breve y cortada -él mismo, en su obra, tiene este estilo de frialdad que no le esconde la pasión- de forma que los poemas suenen como tales y al mismo tiempo como teatro, y que cada monólogo tenga un segundo personaje invisible y no sea una soledad; y en esto está Joaquín Hinojosa, con la voz justa, el gesto sobrio que no deja traslucir -y así debe ser- la ironía final de cada texto; como buscando también la palabra y, al mismo tiempo, la razón posible. Una gran interpretación.Está también, claro, Marisa Paredes, que es una excelente actriz y que tiene la solidez intelectual necesaria para entrar en ese mundo. Y Álvaro del Amo, que consigue de los dos una unidad de personajes, y la capacidad de que la sucesión de los cuatro monólogos cree una unidad en el espectador. Personalmente, encuentro que este director y el escenógrafo Gabriel Carrascal trabajan contra el texto en el segundo acto, en el Monólogo de Hinojosa, donde todo lo que se ve traiciona todo lo que se oye, el decorado oral que está presente en el texto y que casi lo constituye. No sólo por eso, sino porque la proyección de las diapositivas y el ruido mecánico con que se cambian distraen demasiado de la palabra. No niego que en esta contradicción pueda haber un refinamiento intelectual, un juego en el que el joven creador de imágenes, tan valioso en el teatro, en la narración y en el cine, oponga su propio mundo al del viejo sardónico,- pero en ese juego pierde. No creo que la mayoría del público comparta esta opinión, ni ninguna otra de carácter negativo. Público muy selecto, tan cerrado y hermético como se suponen los textos dados, un público como de concierto, con aplausos y ovaciones finales para todos, también tan entusiastas como en los conciertos.

Beckettiana: Nana, Monólogo, Impromptu de Ohio, Yo no

De Samuel Beckett, traducción de Juan Benet. Intérpretes: Marisa Paredes y Joaquín Hinojosa. Escenografía y vestuario: Gabriel Carrascal.Iluminación: Xavier Clot. Dirección: Alvaro del Amo. Teatro María. Guerrero, 30 de enero.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 1 de febrero de 1991