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LA DAMA DE LA TONADILLA

Concha Piquer muere a los 82 años

La intérprete de 'Ojos verdes' fue la mejor exponente de la canción española

La cantante Concha Piquer murió ayer en Madrid, mientras dormía, como consecuencia de la enfermedad bronquial que padecía desde hacía meses. Concha Piquer era considerada como la reina en el género de la tonadilla. Valenciana de 82 años -los había cumplido cuatro días antes de morir-, triunfó en los escenarios cuando era sólo una niña. Y se retiró al filo del medio siglo de su vida. Se retiró de la vida artística, y no volvió a cantar ni en su casa. Su repertorio constaba de 200 canciones, y la mayoría de ellas se conviertieron en grandes éxitos, como La chiquita piconera, La otra, Tatuaje y Ojos verdes. Concha Piquer será enterrada hoy en Madrid.

Era una mujer de carácter, de trato no siempre fácil, y ello propició una gran dificultad para tener amigas, que nunca las tuvo. "Sólo mi madre y mis hermanas", decía. Su madre había sido modista de barrio y el padre albañil. Cuando a ella le llegó el éxito grande y ganó más dinero del que pudo soñar nunca -que administró con mucho sentido común, por añadidura-, la familia quedó libre de penurias para siempre.Pronto fue la primera de tdas, la tonadillera por excelencia. Y ello habría de producir rivalidades con otras famosas de la canción española. Decía Doña Concha al respecto, no sin cierta socarronería muy mediterránea: "Porque mi madre me parió muy guapa, muy bonita, con mucho arte y con mucha simpatía".

No le gustaban los toreros, pero se casó con uno, Antonio Márquez, y fue suegra de otro, Curro Romero, que estuvo casado con su hija Conchita Márquez Piquer. Esta quiso seguir los pasos de la madre en la canción española, pero hizo varios intentos y no pudo ser. Fue una de las grandes amarguras de Doña Concha, consciente de que su propia gloria había sido demasiado grande para que alguien de la familia pudiera acercarse a su altura. Ni de su familia ni fuera de ella. El caso de la Piquer es único en la historia de la canción española. Cada interpretación suya era un marchamo de clasicismo, quedaba para siempre como referencia ineludible. Porque tenía la rara virtud de dar la medida justa que el tema exigía, sin pasarse ni quedarse corta. Eran interpretaciones perfectas, acabadas, de imposible superación. Por eso, los compositores creaban lo mejor de ellos mismos con la mira puesta en que la Piquer les aceptara sus canciones, porque sabían que automáticamente las mismas entraban en el Olimpo del género, se convertían en joyas, en auténticas obras maestras de un género todavía entonces considerado menor, pero al que los años han ido dando prestigio y dignidad. Doña Concha Piquer, aun retirada, fue responsable de este.movimiento de revalorización, y ella misma se asombraba de como sus grabaciones seguían vendiéndose muchos años después de que ella abandonara los escenarios.

Ojos verdes, La Lirio, La otra, Tatuaje, La niña de la estación, La petenera, La parrala y docenas más de títulos, firmados por Quintero, León y Quiroga y otros primeros nombres de la autoría del género español más popular, tienen un lugar muy especial en la historia de la música española. Y ese lugar se lo deben antes que nada a la voz de Doña Concha Piquer, la gran dama de la tonadilla, que se retiró discretamente de la vida pública hace unos 30 años, y que ahora se nos ha ido con la misma ejemplar discreción. Quizás nunca haya otra parecida a ella.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 13 de diciembre de 1990