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Crítica:CINE

Una historia inteligente

Lo primero que llama la atención del sufrido cinéfilo es el disparatado título que ha recibido en español esta obra, Mamá, hay un hombre en tu cama (vulgar, racista y horripilante) que no guarda la menor relación con el original, Romuald et Juliette, el cual se limita a enunciar, púdicamente, los nombres de sus protagonistas.Coline Serreau es muy hábil a la hora de construir historias que muestran las contradicciones sociales de nuestro tiempo a las que nos hemos habituado, como mal menor. De la misma manera que había elegido en su trabajo más famoso, Tres solteros y un biberón, el envés del fenómeno de la paternidad acentuando la responsabilidad de los hombres a la hora de cuidar los niños pequeños, tanto o más que las mismas mujeres en este filme que nos ocupa analiza otro aspecto de esa misma vida cotidiana: el talento para entender los mecanismos de la lucha por la vida con objeto de sobrevivir a sus acechanzas.

Mamá, hay un hombre blanco en tu cama (Romuald et Juliette)

Producción, Jean Louis Cartassonne y Jean Louis Piel. Guión y dirección, Colme Serreau. Imágenes, Jean Nöel Ferragut. Montaje, Catherine Reanult. Intérpretes, Daniel Auteuil, Firmine Richard, Pierre Verrier. Estreno en Madrid, cines Aluche, Palacio de la Música, Amaya y Dúplex.

Romuald, su héroe, es ejecutivo en una empresa de yogures que se cree a salvo de cualquier amenaza debido a su experiencia. Juliette es una limpiadora de raza negra, sensible y práctica, que conoce un plan para atacar a Romuald y le avisa a tiempo para que se prepare. A partir de ese momento, Coline Serreau elabora una hábil intriga que acabará de una manera inesperada y bastante lógica.

El filme es un ejemplo de relato de tesis, en el que la historia no es el principal objetivo, sino una simple excusa divertida, a ratos, para aludir a realidades muy serias, burla, burlando, como las condiciones del capitalismo salvaje, disfrazado de sociedad del bienestar, unidas a los disparates y contradicciones del racismo y del machismo, sin olvidar un sano alegato en favor del feminismo.

La directora francesa ha sabido moderar sus Intenciones, sin embargo, y se ha concentrado en los personajes y situaciones de su película, sabiamente, lo que la redime de posibles excesos críticos y nos permite apreciar su habilidad e inspiración para combinar la crítica dura con el humor y la observación del entorno, mediante una narración sostenida que muchos espectadores disfrutarán al máximo porque -más allá de sus indiscutibles titubeos e insuficiencias- Romuald et Juliette es uno de esos relatos cinematográficos que se ven con gran placer, sin que falten, de cuando en cuando, la sonrisa y la carcajada, con la ventaja añadida de que no sólo se limita a divertir, sino que también pretende estimular la capacidad de reflexión.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 10 de agosto de 1990

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