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El festival de cine de Locarno programa películas soviéticas censuradas en la URSS durante los años sesenta

La 43ª edición del festival cinematográfico de Locarno (Suiza) comenzó el-pasado 2 de agosto con la proyección del filme de Jiri Menzel Skrivanci na nitich, ganador del Oso de Oro en Berlín 90. Junto a la muestra de primeras obras, la especialidad del certamen, la programación incluye una muestra del cine del Este prohibido por la censura en los años sesenta, así como una selección de filmes italianos y suizos de producción reciente, y un homenaje al guionista Cesare Zavattini, figura clave del neorrealismo italiano, fallecido hace pocos meses. El plato fuerte, no obstante, es la magnífica retrospectiva dedicada a uno de los cineastas clásicos peor conocidos: el soviético Lev Kulechov. El festival esta permitiendo vislumbrar algunas de las líneas maestras del cine del futuro, y lo que se deduce no e! nada halagüeño.Su privilegiada situación cultural y geográfica ha permitido a Locarno convertirse en una plataforma natural de convergencia de cinematografias, tendencias y escuelas muy diferenciadas entre sí. Con ello, el festival ha apuntado desde- hace años en la dirección de las primeras obras de directores por lo general jóvenes, lo cual ha hecho de su programación una especie de trampolín de lanzamiento de las tendencias que terminarían consolidando el cine del futuro.

No obstante, si tenemos que creer en los valores que hasta ahora han mostrado los ocho primeros filmes de los 18 que componen la selección oficial, debemos temer seriamente por el cine futuro. Los representantes del Este, por emplear una terminología todavía en uso, hacen gala de una notable confusión en sus planteamientos, común a películas como la soviética Leningrad, november, dirigida al alimón por Oleg Morosov y por el alemán federal Andreas Schmidt, la alemana oriental Leb wohl, Joseph, de Andreas Kleinert -una indigesta mezcla de onirismo y film á clé que, a la postre, sólo debe estar clara en la cabeza del realizador- y la rumana La capatul liniei, de Dinu Tanase, que, no obstante, se resiente todavía de la censura del anterior régimen, toda vez que su fecha de realización es anterior a la caída de Ceausescu.

Mejores logros apunta,. en cambio, la opera prima del estadounidense Whit Stillman, radicado desde hace aflos en Madrid y colaborador de Fernando Colomo en el rodaje neoyorquino de La línea del cielo.Algo también al alcance de The refecting skin, debú en la realización del guionista británico Philip Ridley, que narra en tonos abiertamente fantásticos la traumática iniciación a la vida de un niflo imaginativo.

El mejor cine, hasta ahora, ha estado fuera del concurso y de las preocupaciones del jurado. Ha venido de la mano de Idrissa Ouedraogo con Tilai, su tercer largginetraje, premio especial del Jurado en Cannes 90; de Jorge Sanjinés con La nación clandestina; o de Bertrand Tavernier, con Daddy Nóstalgie.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 9 de agosto de 1990