Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

El caso del ingeniero justiciero'

La opinión argentina exculpa a un ciudadano que asesinó a dos delincuentes

Faltaban unos minutos para el mediodía del sábado 16 de junio, víspera del Día del Padre en Argentina, cuando en un arrabal de Buenos Aires ocurrió una escena que parecía arrancada de una película policiaca. Dos coches corren emparejados a toda velocidad, hasta que uno de ellos cierra la salida a otro. En uno de ellos iban dos hombres de unos 30 años, y en el otro, un hombre de unos 40, al lado de una mujer rubia. Los coches se paran, hay un breve intercambio de palabras, el hombre empuja al suelo a la rubia, saca una pistola y dispara dos veces contra los dos ocupantes del otro coche.

El ingeniero químico Horacio Santos, de 42 años y padre de cuatro hijos, dos niños y dos niñas, acababa de matar a Daniel González, de 31 años, casado y padre de dos niñas, y a Osvaldo Aguirre, de 29 años, casado y padre de dos niños. El motivo del crimen: González y Aguirre le habían robado al ingeniero la radio de su auto.Cuando concluyó la secuencia casi cinematográfica, allí en la vereda quedó un coche con dos cadáveres durante casi seis horas, hasta que apareció el juez de guardia, que se encontraba presenciando un partido de rugby. En pocos días la tragedia conmovió a Argentina, desencadenó una polémica nacional y una ola de solidaridad con el ingeniero, que se convirtió para muchos de los líderes de opinión más influyentes en justiciero de un pueblo que se siente desamparado por la policía y la justicia.

El doble crimen del ingeniero Santos removió hasta los estratos más íntimos del subconsciente colectivo de un país, que todavía no ha cerrado las heridas de los 10.000 asesinatos ocurridos durante la dictadura militar. Y salió a relucir la componente autoritaria que sirve en algunas sociedades de caldo de cultivo para avalar y apoyar los crímenes que se cometen en nombre de la ley y el orden.

Los actores del suceso son arquetipos perfectos. El ingeniero Santos es hijo único de un suboficial de bomberos jubilado de la Policía Federal. A base de sacrificios y de trabajos extras, el policía pudo pagar los estudios de su hijo, que se graduó de ingeniero químico. Santos conoció hace 14 años a Norma, la que hoy es su mujer y madre de los cuatro hijos. El origen social de Norma es muy similar. Hija de un albañil, estudió Arquitectura y se graduó. Con un crédito compraron un piso y luego vino la adquisición de una casa vieja.

Las revistas han reproducido estos días la postal navideña que la familia envió a sus amigos. El texto de la felicitación navideña dice: "Paz y prosperidad les deseamos los Santos para 1990". Y aparecen en la foto los Santos con sus cuatro hijos y el perro, un pastor alemán. La foto de esta familia idílica está tomada a la puerta del chalé. La familia es la expresión palpable de la clase media acomodada.

Las dos trayectorias vitales que se acabaron con los dos cadáveres descerrajados de dos disparos en la cabeza son también la expresión palpable de los tiempos que vive Argentina. No tenían trabajo fijo. Aguirre vivía en Avellaneda, un suburbio industrial de Buenos Aires, y dicen que trabajaba en una carnicería. González vivía en el barrio de la Boca y su mujer explicó a la revista Gente que era muy trabajador, "era colectivero [conductor de autobuses]. Trabajó en las líneas 61, 62 y 86. Después volvió a trabajar en una distribuidora de diarios y revistas. Iba de vez en cuando a una carnicería a cortar carne, una changuita [chapuza], pero siempre fue muy trabajador". A Daniel le llamaban Pollo, "por lo flaquito", y a su amigo Osvaldo Topo, "por lo orejón". Parece que los dos amigos habían estado detenidos por tentativa de robo e incluso que Osvaldo pasó mes y medio en la cárcel por robo y tenencia de droga. El robo de la radio del coche es un delito frecuente en Buenos Aires. Las compañías de seguros ya no cubren ese riesgo. Por una radio los peristas pagan 80.000 australes [no llega a 1.700 pesetas]. Aguirre y González pagaron con sus vidas por un robo que no les iba a proporcionar ni 1.700 pesetas. Al ingeniero Santos le habían robado varias veces la radio delcoche.

Las primeras informaciones dicen que tres veces, y luego ese número se elevó hasta 14. Norma, la esposa del ingeniero Santos, cuenta: "A nosotros nos robaron 14 veces el pasacasete. Tenemos hechas las denuncias en la policía y en el seguro, pero ya nos pasaba tanto que lo que más nos molestaba era que nos rompieran el vidrio", "a un amigo nuestro de acá cerca lo balearon en la puerta de la casa. Un tiro le levantó la ceja y no lo mató de milagro".

Miedo en la clase media

El desasosiego y las angustias de Norma las comparten en Buenos Aires muchas personas, sobre todo de clase media, que se sienten amenazadas por el incremento de la delincuencia y la insegurídad ciudadana. Afirman que "los ladrones entran por una puerta en la comisaría y salen por la otra". La lentitud y mal funcionamiento de la justicia, unida a la crisis económica, es otro factor de la histeria de inseguridad en que vive la población argentina. Buenos Aires es sin duda todavía una de las grandes ciudades más seguras del mundo. Hoy todavía una mujer puede andar sola por la calle en la noche sin correr riesgos. La crisis ha incrementado, eso sí, el número de robos, y los de radiocasetes son una auténtica plaga. La acción M ingeniero Santos desencadenó una ola de solidaridad.El periodista con más peso en la opinión pública, Bernardo Neustadt, escribió un artículo que empezaba con la expresión "¡Yo hubiera hecho lo mismo!" y continuaba: "El grito me brotó del corazón. De mi indefensión. Del hartazgo de ver tanta impunidad. Cuando supe que un ingeniero de 40 años, al que habían saqueado la casa, robado 14 veces el pasacasete, asaltado a su esposa y amenazado los hijos, había asesinado a dos delincuentes, lo sentí como un líder social que había hecho lo que millones de argentinos en algún momento pensaron hacer".

Defensa violenta

Una encuesta en la capital federal y el Gran Buenos Aires puso de manifiesto que un 76% de los encuestados "no se siente protegido por nadie" y ocho de cada 10 creen que hay impunidad. El presidente Carlos Menem aprovechó la polémica para argumentar a favor de su política de privatizaciones y dijo que el déficit que causan las empresas del Estado quita recursos que deberían destinarse a la seguridad ciudadana. Sobre el caso de Santos, Menem dijo: "Un hombre que estudió Derecho, que se recibió de abogado y que ejerció la profesión, desde este punto de vista eminentemente técnico, no puede estar de acuerdo con esta actitud, desde el punto de vista jurídico. Pero hay que estar dentro de esa persona; es muy posible que haya obrado en un estado de emoción violenta y puede ser en defensa propia. El encuadre jurídico lo va a hacer el juez y los abogados defensores del ingeniero que obró de esta forma alegarán un estado de inimputabilidad. Pero a esos delincuentes se les tendría que haber dado la posibilidad de ejercer el elemental derecho de defensa".Sectores progresistas denunciaron la campaña a favor del linchamiento y hablaron de "privatización de la justicia". La polémica nacional quedó abierta. El escritor vivo de más prestigio, el novelista Ernesto Sábato, se manifestó alarmado ante el clima reinante: "Aquí estamos ante una explosión de graves problemas latentes. En estos días, mirando la televisión he oído expresiones de gente de la calle que me han aterrado".

Para el psicoanalista Sergio Rodríguez, el acto del ingeniero significa "la libanización de la justicia" y argumenta que la consagración de la impunidad de los grandes transgresores está en la base de la anarquía social".

Hasta ahora muchos propietaríos de automóvil advertían a los potenciales ladrones con una pegatina que decía: "No tengo estéreo". De repente circulan coches con una nueva pegatina que dice: "Tengo estéreo y soy ingeniero".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 1 de julio de 1990