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Crítica:CINE

Terror en el desierto

Temblores es una de esas humildes películas de terror que no intentan revolucionar el cine, sino que se limitan a contar una historia moderadamente original en la que predomina la acción, aunque podamos encontrar atisbos irónicos y apuntes de otra clase, tan ligeros que no llegan a estorbar el placer del aficionado a este género.Gale Anne Hurd, su productora, parece muy aficionada a las profundidades y, tras esa fábula llamada Abyss, de James Carneron, sobre las profundidades del océano, nos propone ahora un relato análogo, aunque mucho más simple y menos costoso, en el que también hay abismos, tan, inquietantes como los del filme anterior, sobre unas extrañas entidades del desierto que amenazan a los seres humanos.

Temblores (Tremors)

Una producción Universal. Productora: Gale Anne Hurd. Guión: S. S. Wilson y Brendt Maddox. Imágenes: Alex Gruszynski. Música: Ernst Troost. Director: Ron Underwood. Intérpretes: Kevin Bacon, Fred Ward, Finn Carter, Michael Cross y Reba McIntire. Estreno: Vaguada y Luchana.

Hay un horror nórdico que exige oscuridad y edificios misteriosos para que puedan sobrevivir las peligrosas criaturas de la noche que huyen sabiamente del sol, pero también existen fábulas solares, que cobran su aspecto más pavoroso cuando la luz inunda la pantalla, contra toda regla, en plena naturaleza y al margen de cualquier verosimilitud, como les ocurre a los seres de esta curiosa película.

Temblores posee ese encanto ingenuo que sólo aparece cuando las ideas cinematográficas están claras y se rehúye toda complicación innecesaria. La historia es previsible, pero también elocuente y directa, y ha sido concebida de tal manera que la acción física y el movimiento son los únicos elementos importantes, además del pánico, como corolario al perfecto conocimiento de las normas industriales que rigen este tipo de producciones. El mercado está claro y no admite vacilaciones; sólo se pretende ofrecer un entretenimiento seguro y bien confeccionado, dirigido a un espectador sencillo y sin pretensiones, como el que puede disfrutar con Temblores. Nada más y nada menos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 12 de junio de 1990

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