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Entrevista:

El muro Norte-Sur

Pregunta. ¿Es todo de color de rosa en el porvenir?Respuesta. No todo es de color de rosa. Comienza un formidable período de crecimiento económico, de gran prosperidad ligada al hecho de que estamos cobrando los dividendos de un masivo progreso técnico. Ese crecimiento durará varias décadas, pero el reino del dinero y la técnica puede llevar a una fractura definitiva con el Sur, al saqueo del planeta y a la desaparición de la cultura humanista. La nueva revolución industrial reemplaza los actos vivos por los artefactos, transforma la naturaleza en mercancía y amenaza con hacer del mismisimo ser humano un objeto producido en serie merced a las manipulaciones genéticas.

P. ¿No le parece terrible?

R. Terrible. En el año 2025, unos 8.000 millones de personas habitarán la Tierra. Más de dos tercios de los niños nacidos desde ahora a esa fecha habrán visto la primera luz en los 20 países más pobres del mundo. A falta de una política de ayuda al desarrollo, la nueva prosperidad de una parte del mundo sólo agravará la miseria del resto. Los precios de las materias primas continuarán hundiéndose. Los habltantes del Sur asistirán al espectáculo de la riqueza de los del Norte en un estado de desesperación y revuelta. Muchos querrán ir a vivir y trabajar a los espacios dominantes. Éstos levantarán barricadas de visados y despliegue de armamento, y al muro de Berlín le sustituirá un muro entre el Norte y el Sur.

P. ¿Cómo afrontar todos estos riesgos?

R. Entre otras cosas, estableciendo un sistema Internacional de resolución de los conflictos a partir de la transferencia progresíva de la soberanía política.

P. ¿Cómo puede la izquierda reemplazar el antiguo sueño socialista por algún otro gran símbolo o proyecto?

R. Hacemos a justo título la apología del mercado, que es lo efímero y lo reversible. Pero sobre esos valores no se puede construir una sociedad. De ahí el renacimiento en todo el mundo de los valores religiosos. Las gentes buscan un sentido a la existencia, lo necesitan. La izquierda debe proponerles uno que esté por encima del mero consumo. Podría ser la conversión del ser humano y la tierra en santuarios.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 26 de febrero de 1990