Desbandada de humoristas del grupo Mondadori en medio de una polémica sobre la sátira política

Los principales dibujantes de viñetas de las revistas de información general del grupo Mondadori se han marchado o han anunciado que abandonan su trabajo justo cuando se ha desatado una fuerte polémica en Italia sobre el sentido de la sátira política. Empezó Michele Serra, marchándose de Época, y le ha seguido Altan en Panorama, mientras Alfredo Chiappori se prepara para dejar dicho semanal.

La caza de los considerados desacralizadores políticos se ha desatado en un país donde la sátira política siempre ha sido muy viva. Hace dos años Time, en su informe sobre la sátira, premió a los dibujantes italianos tras considerarlos los mejores del mundo. Altan firmará el lunes su último dibujo en Panorama, tras haber dimitido Claudio Rinaldi como director de la publicación Ugna, por oposición a Silvio Berlusconi. "Me voy", ha dicho el genial Altan, "por los motivos por los que se ha ido el director. En Mondadori ha cambiado objetivamente todo. Cuando algo pasa no hay que hacer como si no hubiese ocurrido nada. Y yo quiero seguir siendo lo que soy".También Michele Serra, viñetista de Época, ha justificado su dimisión por "incompatibilidad con Berlusconi". Por su parte, Chiapporiya ha anunciado que piensa irse de Panorama. "Mi relación era con el director, y yo no conozco de nada a este señor que ha llegado a sustituir a mi querido amigo Rinaldi", afirma.

Por primera vez, la polémica contra los humoristas gráficos no nace de los políticos sino del mundo del periodismo. Ha empezado Gluliano Zincone con un durísimo editorial en Il Corriere della Sera, atacando la cultura de la demonización del adversario político".

Arrigo Levi, ex director de La Stampa, ha criticado la libertad de insulto, de la que gozan", dice, "esos minieditorialistas que son los viñetistas". Ha añadido: "considero insopcirtable la atmósfera de intimidación y casi de terrorismo político que se está instaurando contra todo lo que no sea viscera.Imente antigubernamental".

Editoriales y sátiras

En general, los periodistas que arremeten estos días contra los humoristas gráficos se lamentan de que, mientras ellos, para poder criticar a un político deben presentar las pruebas, so pena de acabar en los tribunales, al dibujante "nadie le exige pruebas". Oreste del Buono, considerado como el padre de los viñetistas italianos, les ha respondido que la viñeta no es un editorial. "La sátira, que o es destructiva o no es nada, simplifica el malestar difundido de la gente en cada momento frente al Gobierno", dice, y añade "cuando se le piden pruebas a la sátira quiere decir que se está en vísperas de prohibirla". Según Del Buono, la civilización de un país se mide precisamente por su capacidad de aceptar una sátira virulenta. "Si la sátira se bloquea", afirma, "el país deja de ser civil". Añade que está convencido de que a los verdaderos políticos Ia sátira, no sólo no les molesta, sino que la fomentan".

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 20 de febrero de 1990.

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