40º FESTIVAL DE BERLÍN

Woody Allen combina en 'Crímenes y delitos' sus diversos modelos de filmes

Fuera de concurso se proyectó ayer en la sección oficial de la Berlinale la última película de Woody Allen. Su reciente selección para competir en los oscars aumentó la habitual expectación que despiertan las obras del cineasta neoyorquino. Crímenes y delitos gustó en general, pero no pareció entusiasmar. Combina en ella Allen varios de los tipos y modelos de películas que viene realizando desde hace años y que amenazan con convertirse en clichés.

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Antes de Crímenes y delitos se presentó en competición el filme húngaro Condenado a muerte, que merecería para sí mismo ese título sino estuviese ya muerto. No es una película, no alcanza esa dignidad. Es sólo celuloide torpe, sin un solo destello de oficio ni de imaginación. No hablaríamos de esta película -este comentarista se marchó con otros de la sala a la hora de proyección- si fuera un caso aislado, un simple error. Pero no lo es. Hay varios casos cercanos a éste, casi bajo mínimos profesionales, cuya visión es humillante para cualquier profesional del periodismo cultural, en la selección oficial de la Berlinale 90, que es la peor de los últimos años.Las preguntas que siguen están en boca de muchos comentaristas acreditados: ¿qué mirada irresponsable es responsable de la selección de estos engendros?, ¿que incompetente ha elegido tales incompetencias?, ¿es que Hungría, Suiza e Italia tienen que estar representadas aquí al precio que sea, por decisión política previa, aunque los filmes que las representen sean una burla para quienes tenemos el deber de informar acerca de ellos y una vergüenza para las filmatografías de donde proceden?. Preguntas que se contestan por sí solas.

El maestro Allen se repitió ayer una vez más. No ahonda en sus conocidas obsesiones sino que las calca envejecidas de su frescura y fertilidad inicial. Crímenes y delitos se ve bien, es ligera de factura, contiene una mezcla aceptablemente rimada y dosificada de otros buenos éxitos del cineasta, pero va siempre a la zaga de ellos.

Es Crímenes y delitos una obra muy irregular, con cosas inteligentes y divertidas pero con otras torponas e inexpresivas -hay una serie de flash-back literalmente penosos- que, como casi. todo lo último de este cineasta, puede dar y de hecho da gato por liebre, es decir, engaña al espectador cómplice, adicto o simplemente desprevenido-.

No es un filme malo, porque una obra así no es imaginable en un hombre de la inteligencia de Allen. Pero, precisamente porque su autor tiene talento, debería ser más de lo que es. Estos flash-back, más la elementalidad de las especulaciones de moralista aficionado que derrocha Allen en el filme, son de pronto compensados por uno de sus brillantes chistes y el espectador perdona. No es éste un buen sistema, es oportunismo cinematográfico.

Para alegrar esta lúgubre crónica reproduzcamos algunos de estos chistes. Dice Woody a un colega: "Yo prefiero Dios a la verdad.

Creer en Dios es un lujo". Dice Woody a su amiguita: "Ten cuidado con ese tipo. Es de los que te leen tus derechos antes de violarte". Dice Woody a su mujer: "Lo nuestro fue amor a primera vista. Debiéramos habemos mirado por segunda vez antes de casarnos. Hoy hace un año que decidiste que no volviera a meterme en tu cama. Lo recuerdo porque era el cumpleaños de Hitler y desde hace un año en la única mujer en la que he penetrado es la estatua de la Libertad". Sabrosas guindas de un pastel bastante soso.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 18 de febrero de 1990.