"El camino está libre y expedito para la unificación", dice Kohl al volver de Moscú

El canciller de la República Federal de Alemania (RFA), Helmut Kohl, regresó ayer por la mañana a Bonn desde Moscú, donde aseguró haber obtenido la anuencia soviética para la unificación alemana. "El camino está libre y expedito para la unificación" declaró Kohl a la radio pública de la RFA. El canciller, sin embargo, no parece haber obtenido ningún resultado sobre cómo deshacer el nudo gordiano de la cuestión alemana. Moscú sigue insistiendo en la neutralidad, y, como ha indicado la oposición, el Kremlin ya había "dado su señal" por boca del primer ministro de la República Democrática Alemana (RDA), Hans Modrow, cuando éste presentó su plan de unificación, el pasado día 1.

"Los dos Gobiernos alemanes tendrán que iniciar negociaciones tras las elecciones del 18 de marzo", dijo Kohi, para quien la unificación económica y la política "podrían ir mano a mano". El canciller, descartando ya el término acuñado por él mismo de "comunidad contractual", habló ayer de la necesidad inmediata de una "comunidad económica" entre los dos países para impedir que se siga deteriorando la situación en la RDA y convencer a los alemanes orientales de que permanezcan en su país.Modrow llega mañana a Bonn, presumiblemente para discutir con Kohl la inminente unión monetaria entre las dos Alemanias. Abrumado por la ofensiva del Gobierno de Bonn y por el hecho cierto de que su país sigue desangrándose a un ritmo de 2.000 personas al día, va a tener que luchar simplemente para evitar que la unión monetaria no tenga lugar antes de las elecciones de marzo. En todo caso, el control total de la economía de la RDA por los bancos y grandes empresas de la RFA se habrá consumado antes del verano. Si este proceso empujado por Bonn sigue a la velocidad actual, las elecciones de la RFA previstas para diciembre podrían ya celebrarse en el conjunto de la Alemania unificada.

Queda por solucionar, sin embargo, el principal problema al que Kohl no parece haber encontrado solución en Moscú. La presencia de cerca de 400.000 soldados soviéticos en la RDA y la cuestión de los bloques cuya frontera de enfrentamiento sigue situada en el Elba. Mientras que Moscú no da signos de querer aceptar la inclusión de la gran Alemania en la OTAN y las voces sensatas arguyen que la neutralización del país no sena otra cosa que la creación de una superpotencia en el centro de Europa, los políticos se devanan los sesos intentando buscar una solución.

Menos optimista

El ministro de Exteriores, el liberal Hans-Dietrich Gensher, que acompañó a Kohl a Moscú, fue ayer menos optimista que el canciller antes de partir hacia Ottawa, donde participa en la conferencia Cielos abiertos. Gensher contempla un plan según el cual la Alemania unificada permanecería en la OTAN, pero sin desplegarse tropas en el actual territorio de la RDA. Otra de las posibilidades sería una retirada militar de la Alianza, compensada por una adhesión política de la gran Alemania. El asunto, en todo caso, parece haber quedado sobre el tapete hasta las conversaciones de desarme de Viena.

En una perfecta demostración de cuál es el ambiente pangermanista en algunos sectores del partido del canciller Kohl, el jefe del grupo parlamentario de la CDU-CSU en el Bundestag, Alfred Dregger, tras felicitar al canciller "por haber obtenido un cambio total en la política exterior de la URSS y en su política alemana", indicó que "hay que crear con las elecciones del 18 de marzo las condiciones necesarias para que Mitteldeutschland [Alemania Central] se convierta en un país floreciente y libre".

El término Mitteldeutschland se refiere, evidentemente, a la RDA, y lleva implícito el hecho de que la Alemania Oriental está formada por las regiones perdidas en favor de Polonia y la URSS, es decir, Silesia, Pomerania y Prusia Oriental. Este hallazgo semántico se venía oyendo insistentemente durante los últimos meses en los círculos de extrema derecha cercanos a los Republikaner, así como a los partidos neonazis.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 11 de febrero de 1990.

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