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14 meses de 'Remando al viento'

El filme de Gonzalo Suarez ha tenido en Madrid casi 100.000 espectadores

Entre 1.200 y 1.400 espectadores semanales acuden a la pequeña sala de los cines Renoir de Madrid en la que desde hace 14 meses se proyecta Remando al viento, de Gonzalo Suárez. A este ritmo, y según el responsable del local, puede seguir en cartelera muchos meses más. Suárez no disimula la satisfacción que le produce firmar una obra que lleva camino de convertirse en película de culto. Sobre todo cuando se trata de una producción española sobre Mary y Percy Shelley, lord Byron y Frankenstein, hablada en inglés y que se proyecta con subtítulos en castellano.

En otras ciudades, la película de Suárez no ha tenido la misma repercusión. De las alrededor de 300.000 personas que la han visto en España, Madrid casi alcanza las 100.000, seguida por Barcelona, con más de 30.000, según informaron en la distribuidora.A Gonzalo Suárez le parece destacable en el fenómeno creado en torno a Remando al viento la buena relación que se ha establecido entre el público y la película, una relación que es a su parecer "inteligente y sensible". "Lo digo porque hoy en día se confunde con frecuencia el éxito de público con el de la obra", dice Suárez, "y veo con claridad que el éxito puede ser embrutecedor o estupidizante y no decir necesariamente algo a favor de la obra objeto de ese éxito. Hay muchas formas de llegar al público, y creo que en las dinámicas de multitud prosperan en general las formas más groseras".

Personajes inteligentes

El cineasta trata de seguir la máxima de Mankiewicz cuando expresaba su deseo de hacer películas con personajes inteligentes y que se expresan de forma inteligente. "Hay mucho culto en la actualidad a las grandes cifras con respecto a las películas, y lo que me gusta de Remando al viento es que con más o menos espectadores, los que ha conseguido son fieles y pienso que inteligentes".Rodada en 1987 en Madrid, Suiza, Asturias y Venecía, Gonzalo Suárez se sirvió en los papeles principales de actores extranjeros, salvo José Luis Gómez, para recrear la reunión mantenida en 1816 por el matrimonio Shelley, Byron y Polidori a orillas del lago Leman. Un encuentro entre creadores en conflicto con su imaginación que dio origen a una criatura, Frankenstein, escapada de la mente de Mary Shelley.

La película, que ha sido premiada en diversos festivales y certámenes, lleva una extraña carrera comercial en la que, según informa Suárez, se incluye su estreno en Tokio, donde ya va en su cuarto mes de proyección, pero no en Londres aún, pese a que los derechos han sido comprados por la British Broadcasting Company (BBC).

El sueño del cineasta sería, y no le importa que pasen muchos años en el trayecto, que Remando al viento encontrase en diferentes ciudades un local reducido que fuese ocupado por un tipo de público como el que la mantiene en Madrid. También le gustaría que se estrenase en París, donde ninguna película suya ha sido proyectada comercialmente, siendo como es su formación francesa y su segundo idioma el francés.

Suárez desarrolló el proyecto de Remando al viento con la única esperanza de que emocionara, y con ese espíritu se desenvolvió durante el rodaje. También lo movió el sentimiento de que estaba percibiendo hechos o sensaciones que le eran transmitidos a través del tiempo, "y que no procedían de un bagaje cultural -porque para mí era desconocida hasta entonces la vida de estos poetas ingleses-, sino de algo mediúmico", dice-

E ironiza acerca de inquietantes ondas. "Uno está como si fuera un radiotransmisor, y de repente el aparato coge una onda que empieza a dictarte. Se trata de un ejercicio peligroso, porque puedes conectar con ondas fatídicas", dice. Así se explicaría, según Gonzalo Suárez, que tres proyectos cinematográficos (uno sueco, otro del británico Ken Russell y el suyo) planteasen en un período de tiempo similar el acercamiento a esos personajes del romanticismo inglés.

Imaginación

"Las ideas te poseen a ti, y sólo son válidas cuando tú no puedes manejarlas. Hay que preguntarse de dónde vienen las ideas", dice.Y el director de Epílogo, concluye: "Yo siempre he creído más que en la realidad en la imaginación, que no es la fantasía sino un camino de conocimiento, porque uno sabe en el fondo que lo que imaginas existe en alguna parte; si no, no podrías comunicarlo. Ese trabajo a partir de la imaginación es causa de problemas porque crea malentendidos. Lo que prolifera ahora son las películas naturalistas, de estudios de costumbres, que pretenden ser verdaderas cuando son seudodocumentales, algunos hechos con mucho talento, pero que para mí son más falaces que cuando se parte de la ficción".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 14 de noviembre de 1989