Como una pequeña gota
El concierto que anoche ofreció Paul MacCartney en Madrid se pareció al que dio en París hace menos de un mes como una gota de agua a otra. La única diferencia es que la gota madrileña fue algo más pequeña.Muchas canciones no sonaron completas y la espectacularidad del juego de luces que le acompaña en su gira mundial, brilló por su ausencia. Para compensar, MacCartney estuvo mejor de voz que en París.
Pero tamaños y detalles aparte, el concierto demostró que el pop de las grandes estrellas se ha convertido en un espectáculo milimétricamente planificado, sin riesgo ni posibilidad de error.
Quien realmente marca las diferencias es el público, y el de Madrid es acogedor como pocos. Apasionado y generoso, quizá por haber tenido menos oportunidades de acercarse a sus ídolos hasta hace muy pocos años, recibió al ex beatle con más cariño que el francés. Aplaudió la imagen de John Lennon, la primera figura que aparece en el concierto, proyectada en la pantalla, silbó la de Michael Jackson y Linda McCartney y ovacionó a los resistentes de la plaza de Tiananmen, acogida con extrema frialdad por los franceses.
Como un nuevo músico de Hamelín, Paul McCartney hizo lo que quiso con un público que se ofreció sin condiciones. La reacción de la gente coreando Hey Jude!, dirigidos por el cantante británico, fue especialmente emotiva, como su versión de la célebre Yesterday, solo con su guitarra, en una comunicación que únicamente un carácter latino puede alcanzar.
Pero, público aparte, puede afirmarse que quien ha escuchado una vez a Paul McCartney le ha escuchado siempre. MacCartney es un valor seguro, donde el mecanicismo queda oculto por la enorme calidad de sus canciones, verdaderos puntos de referencia en la historia del pop.
Queda la duda de lo que hoy sería Paul McCartney si el repertorio no fuese siempre el mismo, si no apostase tanto sobre seguro. Si mantuviera ese espíritu renovador que convirtió a los Beatles en los máximos difusores de una música que hoy es el folclor del siglo XX.
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