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El crimen perfecto

El Escorial El autor de La izquierda divina, De la seducción, y Olvidar a Foucault, se paseaba por el edificio Euroforum como si se tratase del fontanero que venía a arreglar el bote sifónico.

Asediado por organizadores, fans y periodistas, sentía ganas de gritar: ¡Olviden a Baudrillard! Y lo hizo: "Yo no sé mucho de esto", afirmaba entre sonrisas, como pidiendo, ¡déjenme en paz! Finalmente, habló: "La tendencia de la cultura actual es aislar al individuo en su responsabilidad solitaria frente a la vida, lo que equivale a relegar, a apartar al otro. Esto, que se presenta como una aspiración de autorrealización, es imposible de cumplir, y está en el origen de numerosos pactos y secretos".

"El poder es un espacio vacío, una estrategia para la vida que permite que todos caigamos en esa oscuridad, incluidas otras formas posibles de poder". En contestación a Fabbri -que aludió en su exposición a la Revolución Francesa-, Baudrillard se opuso a que "el contenido del juramento de los insurgentes sea ya el terror que vendría después", porque, "el conjuro se hace para exterminar todo mal, y ello apunta, cuando menos, otro origen". "El secreto tendría su expresión más evidente en el arquetipo literario del crimen perfecto, pero aun así la perfección requeriría que pudiera repetirse indefinidamente".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 25 de julio de 1989