Papandreu se casa con Dimitra Liani rodeados de adeptos

Hubo alegría en la boda de Andreas Papandreu, de 70 años, y Dimitra Lianis, de 35, que ayer unieron sus vidas en la iglesia de Eleferotria, que quiere decir Nuestra Señora de la Libertad. Pero hubo también una gran tristeza, a pesar de la muchedumbre -pongamos 1.000 personas- que acudió a la colina donde se encuentra la capilla, en el residencia¡ barrio de Politia, como si de una romería se tratase. Fuera, la gente gritaba, vitoreaba, aplaudía a los líderes del PASOK y a los miembros del Gobierno que ha sido derrotado en las últimas elecciones. Eran incondicionales que acudían a ver de cerca a sus ídolos, y también románticos que han creído hasta el final en la historia de amor de Andreas y Dimitra.

La tristeza se encontraba en los rostros de aquellos que en otro momento mandaron en este país y ya no mandan. En realidad, la boda era también algo así como una última fiesta en la que se encontraban pocos, contados amigos que aún rodean al antiguo ex primer ministro, hoy en peligro de perder su inmunidad parlamentaria tras verse envuelto en graves escándalos económicos.Un periódico de la derecha publicó ayer un chiste en el que se veía a los recién casados recibiendo, en vez de una lluvia de arroz, una lluvia de maíz, alusión clarísima a uno de los asuntos turbios en que el Gobierno de Papandreu se vio involucrado.

Pero yendo a lo bonito, a lo que anima el corazón de las gentes sencillas que aún creen en el amor y en eso que hoy le han dicho a la pareja: "Un solo cuerpo, un sólo espíritu". Es decir, en la enfermedad y en la salud, y hasta que la muerte nos separe. La enfermedad de Andreas Papandreu es grave, como sabe todo el mundo, y los cálculos acerca de su supervivencia no son muy optimistas, pero quienes le quieren confían en que el calor de esta mujer grandona que desde hace tres años no se separa de él, la Dimitra a quien los íntimos llaman "Mimí", le ayude a sobrevivirse.

Un par de ventiladores

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Durante la ceremonia, en el interior de una capilla pequeña completamente pintada de ¡conos, con grandes ramos de rosas blancas y un par de ventiladores que aseguraron el bienestar de los novios, Papandreu mantuvo siempre una actitud entre emocionada y serena. Como si supiera que lo que estaba haciendo era algo que media Grecia le reprocha pero dándole al mismo tiempo a su gesto la valentía que otra media Grecia le pide, la que merece Dimitra.

La novia, que no sonrió casi, le pasa media cabeza a Papandreu y es lo que se llama una real moza, de facciones grandes y fuerte osamenta. El vestido que lució, finalmente, no fue rojo, como anunciaron los maledicentes, sin duda pensando en el pasado comunista de ella y en el rojo de las rosas del PASOK. Era color marfil. Tenía un escote sin mangas estilo años cuarenta no demasiado atrevido. Era ceñido en todo el talle hasta media cadera, con frunces, de los que salían abundantes pliegos. Falda corta y cahqueta, también corta de blonda, con botanadura de perlas. Zapatos blancos, pequeño ramito de mimosa y, en el pelo, una discreta diadema de flores adornada con un velo. El cabello, de un rubio veneciano recién salido de la peluquería, lo llevaba "Mimí" recogido en bucles en la parte posterior de la cabeza.

Un restringido grupo de periodistas y fotógrafos permaneció activo durante toda la ceremonia y tuvo su mejor momento cuando al ex-ministro y a su casi esposa les pusieron las coronas en la frente, unidas pro una sola cinta, símbolo de esa eternidad que todo el mundo cree que puede llegar a ser el matrimonio.

El de la novia era un modelo de Daisy Antonopulu, una sesentona que es la modista más festejada por la progresía -entiéndase el PASOK, o sea, los socialistas- de Atenas. El novio vestía de negro. Completamente de negro, excepto en lo que imaginamos las prendas íntimas.

La presencia de Melina

Entre los ministros del antiguo gabinete presentes en la ceremonia se encontraba, obvio es decirlo, la ex-ministra de cultura y actriz Melina Mercouri. Ella sí iba de rojo, vestida como una rosa de pasión, con un dos piezas de crepe. Muy frágil, porque también está enferma, y con el rostro algo deformado por los medicamentos. Pero fiera y leona como cuando saltó, hace ya tantos años, al puerto del Pireo para cantar Jamais le dimanche.

Al enlace no asistieron, y ya estaba previsto, ni los cuatro hijos de Papandreu ni sus dos nietos, todos ellos habidos a raíz de su anterior matrimonio con Margarita. En cambio la novia tuvo a su madre y a un montón de primos y primas que están unos cuantos en el PASOK. Entre ellos Giorgo Llanis, ex-embajador del Japón, y su primo, Giorgo Lianis, también, actual parlamentario.

La gente de la calle, como ya he dicho se encuentra dividida. Hay quien dice, refiriéndose a Papandreu: "que le dejen ser feliz, para lo que le queda". Hay individuos de extrema derecha que no toleran que haya abandonado a su mujer y sus hijos, y se niegan a admitir la responsabilidad que pudo tener su antigua mujer en esta historia.

Y los hay que, sensatos, reflexionan: su vida privada no me importa. Que sea tan feliz como pueda. Lo que no le perdono son los escándalos financieros. Yo le juzgo como político. Como hombre, todos tenemos derecho a la felicidad".

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