La balsa del Sur
, En el coloquio celebrado en el Círculo de Bellas Artes, José Saramago, el novelista portugués más leído acttalmente en Espaha, fue invitado por Ángel Crespo -que ejercía de moderador del coloquio- a dar una interpretación de su novela La balsa de piedra, que tantas visiones distintas ha suscitado entre la crítica. Después de exponer el tópico según el cual el autor es la persona menos indicada para hablar de su obra, se mostró encantado de la posibilidad de hacerlo: "Soy un escritor que en Portugal estoy unido a un título, Memorial del convento, y en España a otro, La balsa de piedra. Esto es lo mismo que, salvando las distancias, si identificáramos a Tolstoi con Guerra y paz únicamente".
"Cuando escribí esta obra, mis intenciones no eran mostrarme antieuropeo, ni el último bárbaro de la historia, ni mostrar un espíritu aventurero con sed de nuevas singladuras. En todo caso", ironiza, "España siempre vendría detrás de nosotros".
Las circunstancias parece que pueden explicar algo más: "Ia novela nació en una hora rara, en el momento de la gran confraternización europea, y es claro que los tiempos no pedían esa obra". Era el momento para el autor de hablarle a Europa y a España, "decirles que algo había para hacer aquí, en el Sur; algo de positivo tenemos entre nosotros, porque cuando se habla del problema Norte-Sur se está falseando la cuestión, habría que hablar del dominio del Norte sobre el Sur, o en todo caso, del problema del Sur".
Problema que no parece amilanar al novelista en cuanto al porvenir. "En esta novela ingenua quise hablar del gran futuro del Sur. El Norte está cansado, aburrido, triste. Nosotros no podemos ser tristes, si acaso trágicos, pero no tristes".
Saramago siente que su novela ha sido entendida en España, "incluso un político sin veleidades literarias acertó a decir que el libro pretendía llevar a Europa hacia el Sur, cosa dificil", concluye, "en esta época, que se rige por la lógica de hierro de los negocios".
Eduardo Prado Coelho, crítico literario, destacó en su intervención que, aun no existiendo corrientes o escuelas fuertes, la narrativa portuguesa tiene una tradición, una historia, y que la idea de la preponderancia absoluta de la poesía "no deja de ser, en cierta medida, falsa".
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