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Editorial:

Salud de segunda

EL DESCUBRIMIENTO de que varios modelos de una conocida marca de DIU -dispositivo intrauterino contra el embarazo- se rompen con facilidad en el interior del útero deja en mal lugar a la empresa que tan irresponsablemente los ha puesto en circulación, pero cuestiona también el comportamiento de las autoridades sanitarias y pone en evidencia la dejadez y el abandono con que se sigue tratando todavía en este país todo lo relativo a la planificación familiar.El hecho de que hasta hace muy poco los métodos anticonceptivos estuviesen prohibidos en España explica que no se haya desarrollado la legislación adecuada para su control sanitario. Lo cual facilita, por otra parte, la existencia de una práctica comercial no suficientemente cuidadosa. Es lo que ocurre con los dispositivos intrauterinos contra el embarazo, sobre los que a estas alturas no existen normas de control de calidad en su fabricación, a pesar de que se trata del método anticonceptivo más extendido y fiable después de la píldora.

La Administración sanitaria se ha decidido finalmente a suspender cautelarmente la fabricación y la venta de los productos sospechosos. Pero la acertada medida llega con un injustificado retraso. Desde hace dos años existen denuncias, alguna ante el juzgado, y han proliferado las quejas en los centros de planificación familiar sin que las autoridades sanitaria y farmacéutica hayan considerado la inmovilización preventiva de los modelos defectuosos. Y es que queda aún mucho camino por recorrer en este terreno. El escaso aprecio de los ginecólogos por esta actividad sanitaria, la poca atención que merece a la Seguridad Social y la pobreza de medios con que es prestada en los centros de salud son evidencias de que la planificación familiar en España no ha pasado todavía de ser considerada como salud de segundo orden.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 19 de mayo de 1989