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El pintor Mühl, afincado en La Gomera, acusado de relaciones sexuales con menores

Bajo la sospecha de haber cometido el delito de "relaciones sexuales con menores" se ha iniciado una investigación judicial en Austria sobre el artista Otto Mühl, jefe de una controvertida comuna situada en El Cabrito, en la isla de La Gomera, donde viven 300 de sus seguidores, entre ellos numerosos niños. Erich Wetzer, fiscal de la provincia de Burgenland, inició la investigación tras denuncias de ex miembros de la comuna que han desertado de Mühl y han decidido hablar.

La sospecha del delito de Mühl está testimoniada en una larga grabación realizada a una de las víctimas. El contenido de esa confesión la publica la revista alemana Der Spiegel en una exclusiva de su edición de hoy. La presunta víctima, Anna, de 17 años,- y después de años de vacilación por miedo a contar la verdad- relata que "Otto iniciaba a las jóvenes en la sexualidad". Anna, consultada por la edad de las afectadas, responde que con 14 años, algunas con 13, y a la pregunta de si lo hacían por su voluntad u obligadas por Mühl afirma que eso es "difícil de precisar. Una creía que lo hacía voluntariamente, pero no era así en absoluto. Si no lo hacías, todos pensaban que estabas loca". Los argumentos que los miembros de la comuna le daban a Anna era que "Otto es el mejor hombre del mundo, el mejor artista, el más maduro, y deberías estar contenta si él quiere tener relaciones sexuales contigo".La testigo fue llevada en 1981 por una tía suya a la comuna de Mühl, Friedrichshof, en Austria al cumplir los nueve años. La pariente de Anna participaba desde hacía cinco años como miembro activo del grupo de Mühl. En esa época, relata la joven afectada, "Otto era para mí como un pa

dre". Luego él comenzó a exigir, "pero Anna", asegura Der Spiegel, "no quería". La presión del grupo sobre la niña, entonces de 13 años, crecía. "Debía aceptar dormir con Otto, si no, era una afrenta contra toda la comunidad". Cedió dos días después de su 14º aniversario. "Desde entonces", cuenta Ana, "la comunidad comenzó a portarse bien conmigo". Al aceptar asegura que hizo feliz "no sólo a Otto, sino a todo el grupo".

Los disidentes de Mühl critican los métodos "dictatoriales" del maestro, que les obligaba a dejar sus sueldos y ganancias para la comunidad, dinero que era mayoritariamente invertido en El Cabrito de La Gomera, y que transformó a esta comunidad, en sus comienzos catalogada como experimental y artística en una transnacional financiera que negocia especialmente con propiedades y seguros.

Se calcula el capital de Mühl en 200 millones de marcos. Los ex miembros de la comuna, que no han visto nada del dinero aportado al retirarse, han comenzado a hablar indignados. El resultado es la querella numerada 4/ST.936-88 en contra de Mühl en la ciudad de Burgenland. En esta denuncia se mantiene que el maestro "presionó sexualmente a jóvenes entre 12 y 16 años". Allí era habitual la práctica de la Edad Media jus primae noctis (derecho a la primera noche), y agregan que eso era "conocido por todos en la comuna".

Forzadas

Como base para esas acusaciones, el fiscal Wetzer ha tomado las declaraciones de las menores y testigos que ahora viven repartidos por la República Federal de Alemania, Noruega y Francia así como la información que sobre el caso están aportando distintos jueces europeos. Las jóvenes afirman que fueron forzadas por Mühl. También se ha denunciado el poder que tiene el maestro sobre las mujeres en la comunidad, quienes deben obtener su permiso para quedar embarazadas. Desde donde estuvieran en Europa debían presentar por escrito una solicitud. Una de ellas escribía desde Berlín en 1985: "¿Será posible que tenga un hijo?", y otra, desde Zúrich: "Gracias por dejarme tener un hijo".En Austria está penalizado por la ley mantener relaciones sexuales con personas menores de 13 años.

Otto Mühl manifestó ayer desconocer la denuncia interpuesta contra su persona por una ex miembro de la comuna, informa Antonio G. González. En una conversación posterior con EL PAÍS, el también miembro del consejo Lili-Gomera, Wolfgang Sohst, que afirmó hablar en nombre del anterior, consideró "un disparate" el objeto de la denuncia, indicando, a su vez, que ésta formaba parte de una campaña de un grupo de "disidentes" para "conseguir contrapartidas económicas y, de hecho, perjudicarlo". "A todas las personas que han abandonado nuestra empresa se les ha devuelto sus aportaciones económicas", añadió.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 8 de mayo de 1989

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