Editorial:Editorial
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División en la OTAN

EL CONFLICTO venía incubándose en el seno de la Alianza Atlántica desde hace semanas, pero se ha manifestado en toda su profundidad a raíz de la decisión alemana occidental de oponerse a la modernización de los misiles nucleares de corto alcance aún instalados en su territorio. La cuestión estriba en establecer hasta dónde puede llegar Occidente, en estos momentos, en el proceso de desarme nuclear propuesto por Gorbachov, quien decididamente ha arrebatado la iniciativa a la OTAN en estos temas. Según la URSS, la lógica de la distensión requiere la eliminación completa y paulatina de todas las armas nucleares. De acuerdo con esa lógica, Moscú ha ofrecido la apertura de negociaciones para la eliminación de los misiles nucleares de corto alcance: los 88 Lance instalados en la República Federal de Alemania y los 1.400 soviéticos del mismo tipo.La propuesta soviética era una carga de profundidad contra uno de los puntos vulnerables de la OTAN. Una decisión sobre esos misiles debe ser tomada en un plazo no excesivamente largo, porque los 88 Lance tienen que ser modernizados -reemplazados- antes de 1995, fecha en que quedarán anticuados. La República Federal de Alemania, el país de la Alianza obviamente más afectado, ha intentado ganar tiempo con la esperanza de que una profundización del proceso de desarme hiciera innecesaria esa modernización. Las razones alemanas occidentales son claras: un 80% de su población no considera que la URS S constituya ya una amenaza para su seguridad y, en consecuencia, no ve con buenos ojos el mantenimiento de armamento nuclear en su territorio. El próximo año habrá elecciones -que, a juzgar por los comicios regionales celebrados recientemente, la coalición con servadora-liberal tiene muy difíciles-, por lo que el Gobierno de Bonn se ha resistido a adoptar una decisión definitiva antes de la cita electoral.

En la reciente reunión del Grupo de Planes Nucleares de la OTAN se había llegado a una especie de consenso entre la posición alemana occidental y la de EE UU y el Reino Unido, que defienden a ultranza la necesidad y la urgencia de modernizar los misiles instalados en territorio albinán occidental. En virtud de ese acuerdo, se aprobaba el principio de renovación de los viejos Lance, pero se estimaban las razones alemanas occidentales en cuanto a la oportunidad del anuncio. Sorprendentemente, y apenas 48 horas más tarde, una reunión de urgencia del Gabinete alemán occidental daba marcha atrás y pedía a Estados Unidos que emprendiera inmediatas negociaciones con la URSS para la eliminación de los misiles de corto alcance de su territorio. El precipitado viaje del ministro alemán occidental de Asuntos Exteriores, HansDietrich Genscher, a Washington no aplacó las airadas reacciones de norteamericanos y británicos.

Para la Alianza, el problema reside en que, mientras no se emprenda una revisión a fondo de los principios estratégicos vigentes, la defensa de Europa sigue basada en la disuasión nuclear y en su aplicación concreta de la respuesta flexible. Para británicos y norteamericanos, el mantenimiento de un cierto arsenal nuclear es imprescindible mientras el balance de armas convencionales siga siendo favorable a los soviéticos. Si se renunciase de partida a ese arsenal, la Alianza perdería un instrumento de presión en las conversaciones sobre armamento convencional, en las que no se han hecho grandes progresos.

La situación no es fácil porque, en este trance, el Gobierno alemán occidental no se encuentra solo. El líder de los socialdemócratas, Vogel, ha subrayado que la negativa es una cuestión de "consenso nacional". Otros países de la Alianza, entre ellos España, comparten el punto de vista alemán occidental, por lo que es muy probable que tan comprometida situación se prolongue hasta la solemne cumbre de la OTAN del próximo mes, en la que se conmemora el 40º aniversario de la organización.

Una solución al problema sin poner en tela de juicio los presupuestos estratégicos de la OTAN parece muy improbable. Por lo que tal vez habría que hacer caso a quienes, en Europa y Estados Unidos, están reclamando una revisión completa de los sistemas de seguridad europeos a la luz de las transformaciones que se están produciendo en los países del Este y la irreversibilidad del proceso de desarme emprendido en los últimos años. No parece razonable, en efecto, hablar de modernizar armas nucleares cuando lo que está a la orden del día es el desarme.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0028, 28 de abril de 1989.

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