Carta a un donante desconocido
Entre nerviosismo, miedo y alegría, espero los resultados de las últimas pruebas que decidirán que soy la receptora idónea de un riñón que me permitirá vivir plenamente. Era el 12 de abril de 1988, hace un año.Intento distraerme hojeando la Prensa local, y en las páginas de sucesos leo una noticia que cambia mis sentimientos por una intensa emoción.
Era la noticia de tu fallecimiento en accidente de circulación y la donación de tus órganos (riñones e hígado) por tus padres.
Por fin fui trasplantada con éxito y ahora vivo feliz.
Quisiera hacerte llegar desde estas líneas mi recuerdo constante y mi agradecimiento a tus familares por tan generoso gesto.
Seguro que les sirve de consuelo saber que una parte de ti sigue viviendo.
Termino con una palabra hermosa, aunque no tanto como tu preciosa herencia: gracias.


























































