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'La diplomacia del funeral'

Las exequias de Hirohito revalorizan el protagonismo internacional de Japón

Los funerales de Estado del emperador Showa, Hirohito, celebrados el pasado viernes en Tokio, sirvieron de foro de encuentro entre una serie de líderes mundiales, con resultados positivos, como interés de la nueva Administración de George Bush por el papel de Estados Unidos en Asia, y sobre todo, mostraron la revalorización del protagonismo de Japón, no sólo como una de las primeras potencias económicas del mundo, sino también en su más polémica actuación política en la escena internacional.

Definido en los medios de prensa locales e internacionales como la diplomacia del funeral, los representantes de los principales Estados presentes en Tokio aprovecharon para tratar asuntos de interés bilateral o multilateral. Desde la situación en Oriente Próximo, hasta los preparativos de la nueva ronda de cumbres económicas entre las siete primeras potencias del bloque capitalista, la solicitud de solidaridad al bloque occidental por parte de Japón para condenar la orden del ayatolá Jomeini de asesinar al escritor Salman Rushdie o las puntualizaciones del presidente chino sobre la polémica creada por el primer ministro de Japón, Noboru Takeshita, al dejar para los futuros historiadores la definición de si la ocupación militar japonesa en Asia fue o no un "acto de agresión".El nuevo presidente de Estados Unidos, George Bush, fue indudablemente la vedette de la diplomacia del funeral en su primera salida al exterior como presidente de su país. De ahí la curiosidad que despertó en muchos medios diplomáticos el hecho de que Bush, un presidente al que no le faltan solicitudes, decidiera cenar en la intimidad con los Reyes de España la noche del pasado viernes, antes de continuar su gira hacia China y Corea del Sur.

Tanto el presidente de Egipto, Hosni Mubarak, como el rey Hussein de Jordania insistieron a Bush para que Estados Unidos apoye la idea de una conferencia internacional en pro de un tratado de paz en Oriente Próximo. Iniciativa que apoyaría también el primer ministro de Japón, Noboru Takeshita, pero a la que sería mucho más reticente, en cuanto al calendario, el presidente de Israel, Chaim Herzog. En ese contexto cabe destacar igualmente las entrevistas celebradas por el Rey de España con Herzog y el rey Hussein, en sesiones previas a su cena con Bush, sobre cuyo contenido planea un total hermetismo, tanto por parte española como norteamericana.

Takeshita, debilitado

Takeshita, Bush y el presidente francés, François Mitterrand, trataron de la situación económica internacional, en la que Japón continúa siendo un foco de tensión, sobre todo en materia de relaciones comerciales tanto con EE UU como con la Comunidad Europea. Takeshita intentó tranquilizar a sus interlocutores con la firme promesa de estimular la economía interna de Japón, a fin de atenuar la potente maquinaria económico-comercial nipona, muy centrada en los productos de exportación. Debilitado en el plano político interno, tanto por el escándalo político-financiero de Recruit Cosmos como por sus recientes opiniones sobre el concepto de agresión en el pasado militarista de Japón, Takeshita intentó igualmente calmar al ministro chino de Asuntos Exteriores, Qian Qichen, ante las protestas que han originado en China, Corea del Sur y Hong Kong, principalmente, las dudas que parece tener aún el primer ministro japonés sobre el significado de la presencia de soldados nipones en prácticamente media Asia, desde la década de los años treinta hasta el fin de la II Guerra Mundial.Por su parte, en un Japón que siempre es muy cauto en adoptar posiciones en la escena política internacional, sobre todo cuando pueden peligrar sus propios intereses comerciales, el ministro de Exteriores japonés, Sousuke Uno, expresó a su homólogo británico, sir Geoffrey Howe que Japón "apoya" a la CE en su postura frente al régimen del ayatolá Jomeini en Irán y la condena a muerte que éste ha lanzado contra el escritor Salman Rushdie, si bien Uno indicó que Japón es "sensible" a las diferencias de opiniones en asuntos ideológicos o religiosos y que, en cualquier caso, Tokio no piensa retirar a su embajador en Teherán. Por último, por citar sólo los grandes capítulos tratados en la diplomacia del funeral, cabe destacar las entrevistas de la presidenta de Filipinas, Corazón Aquino, con Takeshita y Bush, a fin de promover el proyecto de ayuda financiera a Filipinas, por valor de unos 10.000 millones de dólares, en el que también participará la CE, así como el deshielo en las relaciones de dos colosos asiáticos, China e Indonesia, que en un histórico acto de reconciliación equivaldrá a un mayor protagonismo de China en el sureste asiático.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 26 de febrero de 1989