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Reagan pide a Bush que siga la amistad con Moscú

Ronald Reagan se despidió ayer de los norteamericanos en un nostálgico y optimista discurso televisado en el que pidió que Estados Unidos prosiga la política de "nueva y satisfactoria cercanía" con la URSS abierta por su presidencia. "Gorbachov es un líder diferente a sus antecesores que ha realizado algunas reformas democráticas" afirmó en su última conversación con un país que ha dirigido durante ocho años y que es ahora, dijo, "más próspero, más seguro y más feliz". Reagan eligió la televisión, el medio que domina como ningún otro presidente en la historia, y no el Congreso.

Reagan definió su visión de Estados Unidos y la filosofía conservadora que ha dominado su presidencia: ínenos gobierno, que ha producido más prosperidad, paz producto de la firmeza y optimismo de un futuro sin límites. "Querían los cambiar una nación y cambiamos el mundo", afirmó el presidente en su 34º discurso televisado en directo desde el Despacho Oval, casi un coloquio familiar que había preparado con mimo, personalmente, desde hacía semanas.Reagan, que apareció ante los norte americanos con su mano izquierda. vendada por la operación a que se sometió la semana pasada para estirar un dedo contraído, aconsejó que no debe verse con miedo la evolución en la URSS. "Deseamos que les salga bien, aunque Estados Unidos debe mantenerse vigilante y en guardia". La aproximación a Moscú, dijo el presidente que llegó al poder como un cruzado de la guerra fría y el anticomunismo, no es un juego arriesgado porque la basamos en hechos y no en palabras", afirmó en una referencia a la extrema derecha, que se siente traicionada por la nueva distensión.

El presidente, que en ocho días dejará el ¡poder a George Bush, calificó la recuperación económica, con la creación de 19 millones de nuevos empleos, y la recuperación de "nuestra moral" -"América es respetada de nuevo en el mundo, que nos mira buscando liderazgo"- como los "dos grandes triunfós" de su mandato. "Lamento algunas cosas", explicó, pero sólo se refirió al déficit presupuestario de 160.000 millones de dólares, que lega a su sucesor, para quien solicitó apoyo.

El presidente más viejo -el 6 de febrero cumplirá 78 años- volvió a ser el mismo eterno optimista de siempre, utilizando la presidencia como un púlpito para lanzar, por última vez, su mensaje de sentido común y valores eternos. Ideas simples perseguidas con terquedad que han permitido considerar un éxito su presidencia. Olvidó, como casi siempre, los problemas, pero dejó ese sabor final amable y positivo tan útil para desviar las críticas a las carencias de sus años en el poder.

Revolución conservadora

Reagan definió su "revolución" conservadora. "La llaman revolución Reagan, y yo lo acepto", dijo, como el simple "redescubrimiento de nuestros valores y del sentido común". Lo que decían que era radical era lo correcto, explicó orgulloso el presidente. Defendió que, en contra de la creencia general, no han sido su estilo o su retórica de "gran comunicador" lo importante de su presidencia. "Yo no era un gran comunicador, lo que pasa es que comuniqué grandes cosas".Y Reagan, que demostró por última vez su enorme empatía con el país llenando de la pantalla con su voz, de locutor profesional, y su gesto de actor de Hollywood, se definió como "un ciudadano político" metido en la cosa pública para reducir el peso del Gobierno federal. "Sentía que los derechos de los ciudadanos estaban en peligro por los impuestos y que el Gobierno nos estaba quitando cada vez más de nuestro dinero, de nuestras libertades y de nuestras opciones".

El presidente afirmó que "hemos detenido muchas cosas que había que parar, recordando a la gente que el hombre no es libre a menos que el Gobierno sea limitado. Es una clara relación de causa a efecto, tan previsible como una ley física: a medida que el Gobierno se extiende la libertad se contrae".

Pensando en la historia, Reagan pidió a los norteamericanos que conviertan el "nuevo patriotismo" creado por su presidencia en un "patriotismo informado", que no durará si no se basa en la reflexión y el conocimiento. Reconoció que la revolución de las ideas y la recuperación del espíritu nacional se ha producido, "pero no lo hemos reinstitucionalizado". Y advirtió a las nuevas generaciones que deben aprender más sobre la historia y los ideales del país.

"Tenemos que hacer un trabajo mejor para comunicar que América es, sobre todo, libertad, de expresión, de religión, de empresa, y que la libertad es especial y rara, y frágil, necesita protección". Reagan afirmó que siente un contradictorio sentimiento de "dulce pena" al abandonar la Casa Blanca.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 13 de enero de 1989

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