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Tribuna:LOS ESPAÑOLES Y SU PASADO

Inmerecido Alonso de Covarrubias

Se cumple ahora el quinto centenario del nacimiento de Alonso de Covarrubias, el más importante arquitecto toledano de todos los tiempos y uno de los principales del Renacimiento español. La mediocre exposición que para conmemorar el evento se exhibe estos días en el hospital de Santa Cruz de Toledo sugiere al autor de este artículo una meditación sobre la actitud de los españoles hacia su pasado y el estado general de la cultura.

Escribo estas líneas preso de una cierta melancolía coloreada por el rubor de la vergüenza. Nuestra actitud hacia el pasado es un termómetro fiel que indica el estado general de nuestro ser cultural. Ningún esfuerzo desarraigado de su historia tiene futuro. De ahí la importancia que nuestra generación, de vocación constituyente, ha de darle a los atentados, falsificaciones y desconocimientos del pasado que nos fundamenta.Hace 500 años nacía Alonso de Covarrubias, quien llegaría a ser el más grande arquitecto toledano de todos los tiempos y uno de los principales del Renacimiento español. Para calibrar lo que ha supuesto la huella de Covarrubias en Toledo, baste enumerar algunos de los edificios que llevan su impronta: el hospital de Santa Cruz, la catedral, San Juan de los Reyes, el palacio arzobispal, San Clemente, San Pedro Mártir, Santa María la Blanca, San Román, la Casa de Mesa, el Colegio de Infantes y, por encima de todos, el alcázar y el hospital Tavera, sin duda el exponente máximo del Toledo renacentista. Como arquetipo de hombre de su época, Covarrubias trasciende los límites de un solo quehacer profesional.

Homenaje

Artista completo, ciudadano integral, también se interesa por el urbanismo, y así proyecta la plaza del Ayuntamiento y otra, monumental, a la entrada de la ciudad, a los pies de su magnífica Puerta de Bisagra, convertida ésta en el símbolo por excelencia del Toledo histórico, del Toledo de siempre, del Toledo imperial de Covarrubias.

El hospital de Santa Cruz anuncia una exposición de homenaje a Covarrubias para conmemorar este quinto centenario. El marco no puede resultar más propicio: nuestro maestro trabajó, inicialmente bajo la dirección de los Egas, en la construcción de este edificio. Sus muros son testigos permanentes de sus primeros e ilusionados esfuerzos profesionales, en las horas que presidían la temblorosa transición entre dos mundos filosóficos y estéticos: el medievo gótico se bañaba en su último atardecer, mientras el Renacimiento alumbraba de nuevo la luz en el firmamento de nuestra cultura. Acudí, por tanto, presuroso a la convocatoria: Covarrubias, Santa Cruz, Toledo, bien valían un viaje.

Visitar la exposición, auspiciada por el Colegio de Arquitectos de Castilla-La Mancha y las autoridades culturales, constituye una experiencia recomendable para sensibilizarse con algunas de las graves carencias de nuestra vida cultural. La exposición no contiene ni una nota biográfica, ni un apunte sobre la época, ni un retrato, ni un documento original, ni una maqueta, ni un plano, ni un catálogo. Tan sólo consiste en un cartel pegado con cinta adhesiva a la entrada y en una serie de fotografías de algunos de los edificios de Covarrubias, tan mediocres como bien intencionadas, con unas leyendas tan correctas como anodinas, escritas a veces con tipografía apenas legible. Para colaborar al desdoro de esta iniciativa, las imágenes se pierden en su pequeñez en las paredes de la sala y cuelgan desoladas entre los desconchones de otros clavos desclavados.

¡Cuánta movida cultural, cuánto dispendio sin raíz ni futuro, y, como contrapunto, cuánto vacío en ocasiones como ésta! ¿Es que en todo el proceso de esta indecorosa exposición no ha habido nadie con sensibilidad suficiente como para haber dicho que era preferible no hacer nada que realizar una exposición propia de estudiantes de BUP sin medios ni tiempo, sin profesionalidad, para prepararla?

Una exposición puede abordar distintas finalidades: didáctica, de homenaje, de investigación (en torno a un catálogo razonado, por ejemplo), de atracción cultural. Recordemos en este último sentido lo que fue El Toledo de El Greco, e imaginemos lo que hubiera podido ser El Toledo de Covarrubias.

Salir del paso

Lo que resulta difícil es concebir una exposición tan pobre como la que nos ocupa, tan carente de cualquier ambición. Salir del paso, esta vez, ha sido una excelente oportunidad perdida. Que sirva al menos la exposición para movernos a reflexionar primero, a una obligada rectificación después.

Fernando Marías, en su excelente obra sobre el Renacimiento en Toledo, escribe que Covarrubias "entregó toda su persona a la arquitectura". Y a Toledo, añado yo. Por lo que esta exposición representa, arquitectos y toledanos de hoy podemos decir, al unísono, ¡inmerecido Covarrubias!

Gregorio Marañón y Bertrán de Lis es abogado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 22 de diciembre de 1988