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Fernández: "Convertir la deuda en inversión"

El desapego de su correligionario Caldera, una espina que lleva clavada El Tigre

Caracas
Venezuela elige mañana un nuevo presidente. Será el séptimo tras la recuperación de la democracia en 1958. Del sinfín de candidatos que podrán escoger más de nueve millones de electores, sólo dos tienen posibilidades de alcanzar la presidencia: el socialdemócrata de Acción Democrática, el adeco Carlos Andrés Pérez, de 66 años, que ya fue presidente entre 1974 y 1979, y el socialcristiano Eduardo Fernández, de 48 años, candidato del COPEI, los copeyanos. El frenesí del fin de la campaña electoral obligó a los dos presidenciables venezolanos a recibir al enviado especial de EL PAÍS a bordo de sus automóviles, donde se celebraron sendas entrevistas.

El mote de Tigre le vino a Eduardo Fernández por una de las películas de Rocky. El entrenador decía al boxeador que tenía que poner mirada de tigre. Fernández utilizó la frase en varios discursos. La gente empezó a decir: "Ahí viene Eduardo con su tigre", y le quedó el mote, que se convirtió en símbolo de su campaña.No admite Fernández que el Tigre fuese un Bambi en su oposición al Gobierno adeco de Jaime Lusinchi. "Hicimos una oposición muy firme, muy seria, muy constructiva y muy patriótica. Mi empeño en la campaña electoral fue que el acento estuviera en lo positivo, en lo constructivo que yo voy a hacer en cinco años, y no solamente en lo negativo, en los desastres que han hecho las administraciones precedentes". No niega Fernández que Lusichi tiene una opinión pública muy favorable y dice que "ojalá, cuando yo termine mi mandato, o también la tenga favorable y mi o sucesor no llegue a la presidencia o sobre la base de destruir mi obra".

Para la deuda externa, el candidato del Comité de Organización Patriótica Electoral Independiente (COPEI, socialcristiano) propone "convertir la deuda en instrumento de desarrollo. Para eso, convertir a los acreedores en socios, convertir la deuda en inversión, hasta donde sea posible. Luego, declarar categóricamente que la deuda no es un problema técnico financiero exclusivamente, sino que, básicamente, es un problema político. Eso obliga a la creación de una agencia de carácter multilateral que sea capaz de absorber la deuda de las manos de los acredores privados y manejarla con criterios políticos que respeten los requerimientos de los países en vías de desarrollo de disponer de los recursos necesarios para financiar sus programas de desarrollo".

Considera Fernández que "en este momento en Venezuela está en manos del Estado una cantidad de empresas que lo que hacen es ser desaguaderos de recursos económicos, pérdida de dinero, que se necesita, por ejemplo, para financiar programas sociales, pero se va por el desaguadero de un gasto público ineficiente".

Dice Fernández que Venezuela despilfarró en los años del esplendor petrolero 200.000 millones de dólares (23 billones de pesetas, al cambio actual). "Es inconcebible que el saldo, después de esos 200.000 millones de dólares, sea una deuda externa asfixiante, un signo monetario devaluado, un déficit fiscal y de la balanza de pagos, un empobrecimiento general del país. El ingreso per cápita ha retrocedido a los niveles de hace 20 o 30 años. Encima tenemos un proceso inflacionario sin precedentes. Todo esto tiene su origen en el tristemente célebre Quinto Plan de la Nación, que fue el programa del primero de los tres presidentes a quien le correspondió administrar la abundancia de los recursos económicos, que fue Carlos Andrés Pérez. El que fracasó manejando la abundancia no tiene credenciales para afrontrar los problemas de la estrechez, creada precisamente por su fracaso".

Reconoce Fernández que también "hay responsabilidad socialcristiana. Yo asumo la responsabilidad personal que me corresponde, porque no son sólo los gobernantes, es todo el país quien ha cometido errores en esa materia. Yo asumo la responsabilidad que me corresponde tanto en el gobierno socialcristiano como en los socialdemócratas, porque, al fin y al cabo, yo también fui jefe de oposición en ambos gobiernos, y la oposición en una democracia bien organizada, de alguna manera, cogobierna".

La intentona militar de hace un mes y la matanza de El Amparo no significan que haya un problema militar en Venezuela. Según Fernández, "no hay espacio para un golpe de fuerza militar. La conciencia democrática de la nación entera es tan fuerte, tan robusta, que ya eso pertenece al pasado. En segundo lugar, la conciencia democrática de las fuerzas armadas es muy grande. Son una garantía de la estabilidad del sistema democrático. Por supuesto, la democracia es eterna vigilancia".

Fernández creció políticamente junto al presidente copeyano Rafael Caldera. Cuando Fernández ganó la designación como candidato presidencial a Caldera, éste se retiró a su casa y no participó en un solo acto en apoyo del candidato de su partido. El Tigre lleva clavada esa espina.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de diciembre de 1988