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Tribuna:PROPÓSITOS Y REALIDADES

Que Madrid progrese

Una de las premisas fundamentales que en su día imperó en el ánimo de los redactores del Plan General de Ordenación Urbana fue el establecimiento de un supuesto crecimiento cero para Madrid. El autor contrasta aquellas premisas con la realidad posterior.

Desde la perspectiva del tiempo pasado, y en un amable ejercicio de comprensión, se puede admitir un cierto realismo en la previsión, aunque se puede también, y se debe, exigir a aquellas cabezas pensantes que, al menos, hubieran valorado la posibilidad de una salida válida a la crisis económica de entonces.Desde luego, y desde la perspectiva de la realidad actual, hay que afirmar que, cuanto menos, aquella previsión de crecimiento cero para Madrid ha sido rigurosamente incierta.

El Plan General de Ordenación Urbana predeterminado por la premisa del valor cero, bajo el lema Acabar Madrid, tuvo como consecuencia inmediata un enfoque restrictivo, que permitió el agotamiento del suelo finalista (con posibilidad de licencia inmediata), cuando aún no había concluido la mitad del primer cuatrienio de la entrada en vigor del Plan.

La imprevista salida de la crisis, el progresivo crecimiento de la actividad económica y la generación paulatina de riqueza, determinaron un desbordamiento de la demanda.

Esto ha coincidido con una limitadísima oferta y ha propiciado el glorioso resultado, por todos conocido, de un incremento, en ocasiones inaceptable, del valor de los terrenos.

Carencia de suelo

Ahora, por ejemplo , con el fin de corregir en alguna medida la carencia de suelo y, también, para consolidar, remodelar e integrar en el tejido urbano zonas de chabolistas, se ha previsto una actuación de realojamiento de familias, que comporta paralelamente un proceso largo y costoso de futura urbanización de esas zonas.

A este respecto, conviene advertir que una Administración que posea agilidad económica suficiente está en condiciones reales de gestionar suelo rápida y eficazmente.

Sin embargo, con actuaciones exclusivas y excluyentes, marginando la integración de la iniciativa privada en el proceso de gestión, el resultado final será siempre conflictivo y, por tanto, ineficaz.

La Administración, si realmente actúa desde posiciones realistas y de progreso, y no dogmáticas y ancladas en un pasado inservible, debe propiciar activamente la participación de la iniciativa privada y de otras organizaciones.

Este es el caso del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, que a lo largo del tiempo ha acreditado suficientemente su capacidad de contribución en la tarea común de que Madrid siga hacia adelante.

Porque, en definitiva, lo que importa es que Madrid progrese. Y alcanzar este logro es tarea de todos.

Luis del Rey es decano presidente del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 25 de noviembre de 1988