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Diferencias entre deseo y sexo

La testosterona es un afrodisíaco pero tiene escaso impacto sobre la actividad sexual

DANIEL GOLEMAN, La hormona sexual denominada testosterona es un auténtico afrodisiaco que estimula el deseo sexual en hombres, y quizá en mujeres, como se ha demostrado recientemente. Pero el nivel de testosterona que fluye por el cuerpo humano tiene escaso impacto sobre la actividad sexual. En efecto, a través de estos estudios se ha descubierto una clara distinción entre los componentes químicos del deseo y los del acto sexual en sí mismo. El descubrimiento de la función de la testosterona en la vida erótica forma parte de una serie de hallazgos recientes de laboratorio a medida que el deseo sexual,- un impulso escurridizo y a la vez irresistible, abre sus secretos a la fría mirada de la ciencia.

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Aunque durante décadas se han realizado detallados estudios científicos de la psicologia y anatomía de la actividad sexual, sólo en los últimos años se ha centrado la investigación en el deseo, precursor del acto sexual. Los nuevos estudios realizados para ayudar al trata miento de individuos y parejas que padecen una falta de impulsos eróticos se centran en lo componentes químicos del de seo, tanto biológicos como emocionales."El deseo sexual es una par te de la vida extraordinariamente complicada, con un abanico enorme de diferencias", dice Harold Lief, profesor honorario de psiquiatría en la universidad de Pensilvania y pionero en la identificación y trata miento de los problemas del deseo. "A los estudiantes universitarios se les pide que pulsen un contador de muñeca cada vez que tienen un pensamiento, fantasía o sentimiento sexual, y de este modo se les pude contabilizar más de 300 deseos diaríos, mientras otra gente se queja de que cara vez o nunca tienen un deseo sexual", añade Lief.

La investigación se centra en dos tipos de problemas: uno afecta a personas que generalmente no sienten impulso sexual, debido quizá a desequilibrios hormonales o problemas psicológicos; el segundo se centra en las interacciones psicológicas y emocionales de las parejas, que pueden destruir el deseo en gente que tendría fuertes impulsos sexuales en otras situaciones.

Las nuevas investigaciones se han iniciado al darse cuenta los sexólogos de que muchos pacientes que estaban siendo tratados por dificultades con los mecanismos de la actividad sexual, tales como impotencia o incapacidad de llegar al orgasmo, en realidad sufrían una falta subyacente de deseo sexual.

"El deseo y el acto sexual son dos procesos completamente diferentes; cada uno está influido por distintos factores", dice Gayle Beck, psicólogo de la universidad de Houston.

Actualmente, las quejas más corrientes de los pacientes que acuden a consultas de sexólogos están relacionados con el deseo sexual, a pesar de que el diagnóstico se estableció oficialmente hace sólo 10 años.

Rasgos masculinos

En una encuesta realizada recientemente a 289 sexólogos, se descubrió que la queja más corriente del 31% de parejas que acudía a la terapia sexual era la discrepancia en su deseo sexuaI. A continuación venía un 28% de pacientes preocupados por el exceso o por la ausencia de deseo sexual.

Gran parte de la nueva in ve stigación se centra en la bioquímica del deseo y, en especial, en la función de las hormonas, sobre todo la testosterona A ésta la califica con frecuencia de hormona sexual masculina porque predomina más en los hombres, aunque su cantidad fluctúa en los individuos con el tiempo, y desempeña un papel clave en el desarrollo de rasgos masculinos. Pero también se encuentra en menores cantidades en las mujeres en las cuales los niveles fluctúan a lo largo del ciclo menstrual.

Los recientes estudios muestran que uno de sus principales efectos se producen sobre el deseo y que prácticamente no desempeña ninguna función en el acto sexual en sí mismo, contrariamente a lo que se creía antes.

Según un estudio realizado entre hobres con niveles extremadamente bajos de deseo a consecuencia de la escasa actividad de las gónadas, la testosterona aumentó la frecuencia de sus fantasías" sexuales y recuperó su deseo sexual. Pero la hormona no tuvo ningún efecto sobre mecanismos del acto sexual, como la erección al contemplar películas eróticas o al tener fantasías sexuales.

A través de este estudio y de otros con resultados parecidos, se ha llegado a la conclusión de que la testosterona regula el deseo sexual. La nueva línea de investigación, realizada por el fisiólogo Julian Davidson y un equipo de la universidad de Stanford, se publicó este año en Guilford Press con el título Palterns of sexual aurousal.

Fase media

Según Davidson, "ahora queda claro que la testosterona es el sustrato biológico del deseo, al menos en los hombres". En lo que ya no hay tanto acuerdo es en la relación entre testosterona y deseo en las mujeres.

La investigación realizada por Lief, al igual que otras, ha descubierto que muchas mujeres alcanzan su máximo deseo sexual en la fase media del período menstrual, que es cuando los niveles de testosterona están más elevados. Pero otros investigadores no han podido confirmar este descubrimiento.

Según Lief, aunque no es seguro que los niveles normales de testosterona regulen el deseo en las mujeres, ahora se utilizan dosis mayores de las que normalmente se encuentran en el organismo para tratar la pérdida de deseo en algunas mujeres que han sobrepasado la menopausia o que han sufrido la extirpación de ovarios.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 29 de octubre de 1988