Fiesta popular
Els Comediants tiene un amplio público en Madrid: se les quiere, sus espectáculos desarrollan una forma de simpatía, de participación, de juego infantil -hasta en las incrustaciones venéreas, de la cepa levantina-, y su carpa de enorme capacidad, instalada en el Cuartel del Conde Duque, estaba llena en la noche de su presentación: rebosaba y había público en pie. Pronto lo estaría casi todo: los diablillos les quitaron sus sillas y convirtieron en escenario la platea. Tienen la virtud de convertir en risueñamente dócil la masa: envuelven a los espectadores en una red, se lanzan sobre ellos, les abren con pasarelas o con enormes carros.El espectáculo en sí está bien realizado y terminado. Se organiza en torno a la noche; la luna es su fetiche -una luna enorme, con cara de señora antigua con polvos Tokalón, que mueve sus ojos coquetos de gorda y escupe globitos- y se desarrolla una serie de escenas más o menos nocturnas, desde lo que puede ser un paseo por las Ramblas al corte de una casa de vecinos o un desfile de modas.
La nit
Creado y producido por Els Comediants. Festival de Otoño. Cuartel del Conde Duque, 26 de octubre.
Incluso un viaje a la luna con el aire de las ilustraciones de Julio Verne. Todo ingenuo y sencillo; sin apenas palabras, con música en directo bien concebida y ejecutada, y la rapidez y la ligereza de las imágenes en cuyo ritmo nos han metido los videoclips. Chistes y gags visuales funcionan bien.
Produce el entusiasmo. El público es mayoritariamente joven, con la niñez todavía metida en sus cuerpos y su mente, y lo que quiere en este caso es la fiesta. Probablemente es menos significativo o menos grandioso que otros espectáculos suyos, pero el juego de Els Comediants sigue vivo, fresco, nuevo y alegre.


























































