FERIA DE LA COMUNIDAD VELENCIANA

'L'himme'

ENVIADO ESPECIALLa última corrida de feria tuvo por prólogo l'Himne. L'Himne es -a los valencianos no hace falta decírselo, naturalmente el himno que compuso el maestro Serrano para la Exposición Regional de 1909, ahora motivo de polémica, por su letra. Sin embargo ayer sonaba emocionante en la plaza, con el público puesto en pie.

Los toreros habían desfilado sin el acompañamiento del Pan y toros tradicional. Se quedaron plantados bajo la presidencia, y sólo Víctor Mendes volvía la cabeza para contemplar a la banda La Primitiva, de Liria, que interpretaba I'Himne con verdadera solemnidad. El público subrayaba con aplausos los compases más conocidos, y debiera haber cantado también, porque irremediablemente se. le escapaba el tarareo -un tapís de murta i de roses Mes... per a ofrenar...-, sobre todo el colofón triunfal del visca Valensia!

Sanchez/ Mendes, Soro

Tres toros de Ramón Sanchez y 2º, 3º (sobrero) y 5º de Pilar Población, en general bien presentados, inválidos.Víctor Mendes: dos pinchazos y dos descabellos (silencio); pinchazo hondo y descabello (silencio) pinchazo, otro hondo ladeado y descabello (ovación y salida a los medios). El Soro: estocada (aplausos y saludos); estocada poco atravesada que asoma y dos descabellos (silencioy, pinchazo y estocada caída (división). Plaza de Valencia, 12 de octubre. Cuarta y última corrida de la feria de la Comunidad.

Una gran senyera y la leyenda del 750 aniversario de la entrada de Jaime I adornaban el ruedo, pues la corrida de ayer era precisamente la conmemorativa del acontecimiento histórico. Quitaron los adornos, claro, porque corrían riesgo de tropezar las cuadrillas (y de comérselos el toro), y ya en su estado natural la arena, los auspicios eran inmejorables.

La realidad fue distinta, en cambio, y cruda; muy cruda. Se supo cuándo había empezado la corrida, pero no cuando habría de terminar. Aquello no se acababa nunca. Apareció un torazo impecablemente astifino y luego resultó que estaba inválido. Víctor Mendes le dio los pases que pudo, entre batacazos. El tercero cojeaba de lo mismo y ese fue devuelto, pero como no consiguieron llevarlo al corral, lo apuntillaron desde un burladero. El sobrero aún era más inválido, y tan manso, que a los cuatro derechazos escapó de la muleta de Mendes y cruzó el ruedo para aquerenciarse en las tablas del lado opuesto.

Otro inválido el quinto, Victor Mendes consiguió enderezarlo, ciñó redondos y se entusiasmó tanto con la tarea y la efemérides, que daba un pase por cada año transcurrido desde que entró en Valencia el rey conquistador. El Soro fue menos fastuoso y dio uno por cada año transcurrido desde que eligieron a Lerma. Es decir, muy pocos. Tenía motivo: sus toros presentaban dificultades. Banderillearon ambos diestros, en general con acierto y sin mayores esplendores, si bien Mendes reunía los pares con exposición de su baqueteado cuerpo. Mendes, que lleva un mal año de golpes y caídas, apareció con un ojo a la virulé. De noche cerrada, cabizbajos los diestros, arrojando almohadillas el público, concluyó la patriótica corrida que se auspiciaba triunfal.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 12 de octubre de 1988.