Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Tribuna:

El tahúr

Y dijo el oráculo ciego en una esquina de Nínive: "Quien se juega el dinero y gana, se traga un anzuelo de oro". La ciudad estaba coronada por la rueda de la fortuna y la bola volaba como una paloma torcaz alrededor del corazón de este joven tahúr. Apostó todo su caudal siempre al cero, que es el vacío, y fue señalado por el dedo de los dioses. La ruleta aún giraba. Con un millón palpitando en cada ingle y en medio el sexo olvidado, abandonó el casino cuando la noche ya era alta y las estrellas limpias. Al fondo se veía el resplandor de Nínive, donde a esa hora comenzaban a funcionar las timbas más duras. El bello tahúr, excitado por el triunfo, quiso insistir en la suerte. Entró en un garito de cocodrilos que le esperaban dormitando con párpados pesados sobre la charca del tapete verde, y allí burló los naipes hasta el amanecer, y allí recibió dos certeras dentelladas que le arrancaron una pierna y un brazo; pero esta derrota le exaltó aún más que el éxito. Le quedaba íntegro su coraje contra el azar. Con un grito desaforado en la madrugada, levantando el brazo que le restaba, paró un taxi y éste le condujo a un antro en el subsuelo de un gran mercado de carne lleno de truhanes que cosían los billetes con la navaja y bebían licores de baja calaña mientras echaban los dados sudorosos dentro de un corro en el suelo de cemento. Antes de la salida del sol perdió el último puñado de dinero, y luego, con el pulso temblando y toda la ceniza en la lengua, libró su ruina con un cheque al portador, que en este caso era un legionario.Volvía a casa por calles deshabitadas y vibraba una luz lívida en los aleros. En medio de la soledad se cruzó con un ciego perdido en el tiempo, extraviado en la ciudad, que cantaba precisamente el número de cupón prendado la noche anterior. El bello tahúr quiso comprarlo entero, pero no tenía con qué pagar. Entonces, aquel oráculo ciego que vendía aún la suerte pasada le dijo: "Quien se juega el dinero y gana, se traga un anzuelo de oro. Tú lo llevas en el corazón. Dámelo a cambio y serás otra vez rico." Y el tahúr se lo dio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 25 de septiembre de 1988