Crítica:CINECrítica
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'Blues' en tono menor

La evocación nostálgica de la juventud estadounidense de los años cuarenta y el subjetivo poso de la fuente autobiográfica presiden el pretexto argumental de Desventuras de un recluta inocente, cuya acción se desarrolla en un campamento militar situado en la ficción fílmica en el Estado de Misisipi en tiempos de la II Guerra Mundial.Biloxi blues, retitulada en nuestras pantallas Desventuras de un recluta inocente, significa la primera colaboración cinematográfica de Mike Nichols y Neil Simon. El primero como director y el segundo como guionista.

El guión, escrito por el propio Neil Simon, proviene de la homónima obra, segunda parte de su trilogía autobiográfica teatral -la primera fue Brighton beach memoirs y Broadway bound la última-, donde el escritor teatral y esporádico guionista filmico revive sus recuerdos en su alter ego, Eugene Morris Jerome, a quien en esta ocasión, al igual que en los escenarios, da vida el joven Matthew Broderick, recordado por sus pasados protagonismos en los filmes Juegos de guerra y Lady Halcón.

Desventuras de un recluta inocente

Dirección: Mike Nichols. Guión: Neil Simon. Fotografía: Bill Butier. Música: Georges Delerue. Producción: Ray Stark. Estados Unidos, 1987. Intérpretes: Matthew Broderick, Christopher Walken, Matt Mulhern, Corey Parker, Markus Flanagan, Casey Siernaszko, Michael Dolan, Penélope Ann Miller, Park Overall, Alan Pottinger, Mark Evan Jacobs. Estreno en Madrid: Palacio de la Música, Aluche, Benlliure, Novedades.

La instrucción militar de los jóvenes protagonistas y su convivencia en el campamento, donde no falta el habitual enfrentamiento con el sargento instructor, son motivo para mostrar las pautas sociales imperantes en aquella época a través de los caracteres y comportamientos de los variopintos personajes elegidos para representar aquella generación, a quienes, según la opinión del escritor, lo que más les gustaba era poder gustar a los demás.

Autobiografía

La ilustración de la nostálgica página autobiográfica, testimonial y crítica, pero también complaciente, compuesta por Simon está realizada con hábil pulso por el oscarizado director de la sobrevalorada película El graduado, hombre también de contrastada experiencia en los escenarios, que hace meritorio alarde en el plano secuencia del baile emotivo y funcional, no suficiente y tal vez tampoco necesario, al igual que la elaboración específica del guión, para enmascarar la procedencia teatral del argumento que da pie al filme.La película, en la que en ningún momento llegan a producirse grandes puntos álgidos, muestra un ritmo parejo en intensidad en su desarrollo narrativo, capaz de causar una agradable sensación en las retinas del espectador, pero sin invitar a que sus imágenes profundicen en la memoria, cuya visión semeja una caricia tan suave y efimera como poco significativa, que hunde su testimonio en el océano de la anécdota.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0006, 06 de septiembre de 1988.