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Susana Solano obtiene el Premio Nacional de Artes Plásticas

La escultora barcelonesa Susana Solano obtuvo ayer el Premio Nacional de Artes Plásticas, dotado con cinco millones de pesetas, según hizo público el Ministerio de Cultura, institución que lo concede. El jurado, presidido por José Miguel Hernández de León, director general de Bellas Artes, y compuesto por Victoria Combalía, José Miguel Ullán, Mikel Navarro, María Corral y Óscar Tusquets, destacó la gran fuerza y calidad de la obra escultórica de Solano, una de las artistas más impactantes y sólidas del panorama español.

La concesión del Premio Nacional de Artes Plásticas a la escultora catalana Susana Solano (Barcelona, 1946) viene a consolidar, dentro de la más estricta coherencia, el giro impuesto a la orientación de estos galardones en sus dos ediciones anteriores, a través de un salto generacional que venía a reconocer la profunda y dinámica renovación experimentada por nuestro panorama plástico a lo largo de las dos últimas décadas.En esta ocasión ha habido además otro factor de novedad el de la reducción a un único premio, decisión a todas luces oportuna de cara a poder mantener, en años sucesivos, el alto nivel de rigor y significación que requiere un galardón de estas características.

El premio otorgado a la artista barcelonesa supone, a mi juicio, una decisión no sólo plenamente acertada, sino de obligada justicia. Es, de hecho, el reconocimiento a la aportación de una de las personalidades más impactantes, sólidas e innovadoras que han irrumpido en el contexto artístico español en mucho tiempo.

El interés generalizado que el medio viene manifestando hacia las nuevas actitudes en nuestra escultura tiene en Susana Solano una de sus razones más sólidas. Su obra no es sólo ya punto de referencia esencial dentro del panorama escultórico español, sino que ha centrado también la atención, en forma muy amplia y contundente, en puntos fundamentales del medio artístico internacional.

En ese sentido, la trayectoria de Susana Solano puede calificarse de meteórica. Con una irrupción relativamente tardía en el medio expositivo -su primera muestra personal no tendría lugar hasta 1980-, en 1986 ya era elegida por el Stedelijk Museum de Amsterdam para una colectiva que apostaba por 10 nuevos creadores europeos del momento.

Un año más tarde, el interés internacional hacia su trabajo había crecido de modo espectacular. En el plazo de muy pocos meses expondría en el Capc de Burdeos, en la Galerie des Arènes de Nimes, en el Arc de París y participaría en la Documenta de Kassel, la bienal de Sâo Paulo y la Skulptur Projekte in Münster. En este momento, la escultora catalana prepara su participación en el pabellón español de la bienal de Venecia y ha sido invitada al premio Carnegie de Pittsburg, uno de los más prestigiosos certámenes que se celebran en Norteamérica, de gran crédito internacional.

Originalidad

La extensión, rapidez y alto nivel de ese reconocimiento del trabajo de Susana Solano, refrendados ahora también por el premio nacional, no son, en modo alguno, hechos causales.Las propuestas de la escultora catalana, tanto en obras singulares como en instalaciones, abren una de las vías más originales, rigurosas e inquietantes que pueden verse hoy dentro de las nuevas tendencias escultóricas. Sobre una elección y asociación muy libre de materiales, Susana Solano desarrolla una obra cuya intensidad y multiplicidad de sugerencias poéticas nacen tanto del carácter literal de las construcciones y espacios que plantea -o de la propia huella de los procesos que les dan origen- como de un juego muy flexible y amplio de asociaciones metafóricas implícitas en cualquiera de esos niveles.

En ese sentido, su obra se nos manifiesta, a un tiempo, con una claridad formal y conceptual muy inmediatas y una insondable capacidad de misterio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 20 de mayo de 1988