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El desmayo de una niña

, María Paola Folena ya se ha recuperado. La pequeña, de 11 años, se había desmayado la víspera tras entregarle un ramo de gladiolos blancos y claveles amarillos, los colores vaticanos, al papa Wojtyla al pie de la escalerilla del avión en el que llegó al aeropuerto internacional de Carrasco, de Montevideo.

La niña, junto con su compañero Antonio Taconiani, había sido elegida para tal privilegio por voto secreto entre los 150 miembros del grupo de scouts número 7 Atanasio Sierra, de Las Piedras..

El jefe del grupo, Ricardo Seabingue, atribuyó el desmayo de la pequeña a "un exceso de nervios".

Resulta que María, que vestía un traje colonial, diseñado por el director del departamento de cultura de la intendencia. canaria de Yamandú Rodrígez, no sólo había tenido una jornada de gran tensión repasando mil veces las palabras que debía decirle al Papa al entregarle el ramo -discurso que le había redactado el obispo de Canelones, monseñor Orestes Nutti-, sino que llevaba ensayando obsesivamente la ceremonia nada menos que desde marzo.

La anécdota constituye sólo un pequeño botón de muestra de lo que rodea una visita papal, en la que ningún país quiere quedarse atrás en demostrar su entusiasmo por Juan Pablo II y su capacidad de emular a los demás hasta en los más pequeños detalles.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 9 de mayo de 1988