Cartas al director
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La huelga de profesores

Alcalá de Henares, Madrid. - 30 abr 1988 - 22:00 UTC

La huelga que mantenemos los profesores de EGB de la escuela pública está siendo usada para avivar la antorcha del poco trabajo que realizamos. Ministerio, padres y medios de comunicación contribuyen a ello. En un colectivo tan numeroso como el nuestro de todo habrá. Pero sólo se habla de los que no dan la talla, cuya existencia yo no niego; no se hace nada por evitar que los haya, mas sí se les usa como excusa demagógica para negar consideración a los que sí dan la talla, o se pasan, que son muchos. Y por extensión, al todo el colectivo.Soy secretario de un colegio público de EGB. Mi horario oficial remunerado es de 37,5 horas semanales: 30 de obligada permanencia en el centro (25 con alumnos y 5 sin ellos) y 7,5 horas fuera de él.

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Me permito desglosarlas por mejor demostrar que no me gano la sopa boba: permanencia en el centro, 30 (docencia directa, 17;

sustituciones, 2; secretaría, 7; biblioteca, 2; reuniones varias, 1; atención a padres y alumnos, 1). Fuera del centro (en casa), 7,5 (preparación y revisión de programaciones, elaboración y corrección de pruebas varias, preparación de temas y actividades varias para los alumnos, burocracia necesaria de 37 alumnos, preparación personal y profesional y otros). Con ello se agota mi horario oficial laboral remunerado: 37,5 horas semanales. Ya he cumplido, y puedo demostrarlo.Pero hay más.

Reuniones varias de órganos colegiados: media anual de 80 horas. Salidas después del horario oficial: media hora diaria como media; 100 horas al año. Entrevistas varias: 25 horas al año. Elaboración de informes varios: 50 horas al año. Gestión de compras y servicios al centro: 30 horas al año.

De donde se deducen unas cinco-seis horas semanales como media. No sigo, y podría, pues hay tema para ello. Todo en actividades necesarias o interesantes para el mejor funcionamiento del centro. La opinión pública sólo ve las 18 horas de atención directa a alumnos y padres. No ve el resto, que se hará visible el día que decidamos no hacerlo.

Y todo lo hago porque quiero, porque me gusta mi trabajo y porque creo que ayudo al colegio. No quiero nada a cambio, sólo que dejen de llamarme parásito social.

No estoy de chivato. Si hay parásitos, es obligación del MEC desenmascararlos, pero parece más fácil usarlos como pantalla para no reconocer lo que sí se hace. Con esta línea de pensamiento y actuación, la escuela pública seguirá siendo la pariente pobre. Si la CEAPA quiere jaulas para sus hijos, allá ella. Tengo miedo de los guiños y cantos de sirena que nos hace la Concapa. A ésta, ni caso. ¿Quién les ha dado vela en este entierro?

Somos muchos los maestros que queremos de verdad una escuela pública digna y de calidad. Y por ello y por nuestra dignidad personal y profesional estamos en huelga.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 30 de abril de 1988.

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