Crítica:CINE / 'LA SERPIENTE Y EL ARCO IRIS'Crítica
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Vudú y política

Wes Craven, director en cuyo pasado se encuentra una sólida formación literaria y filosófica, se ha especializado en el género del terror, con títulos, cada vez con mayor presupuesto, donde figuran La última casa de la izquierda, Bendición mortal, Las colinas tienen ojos y Pesadilla en Elm Street.En La serpiente y el arco iris, premiada en la última edición del Imagfic (Festival de Cine Imaginario y de Ciencia Ficción de Madrid) por su dirección y guión, continúa fiel a su amor por los efectos especiales y evidencia su apoyo en la mesa de montaje, campo donde este director realizó sus primeros contactos con el mundo cinematográfico.

La declaración de Wes Craven de que el mundo está pasando por una edad oscura en que gobiernan los tiranos y existe la amenaza del terrorismo, lo que produce una realidad aterradora relegada al subconsciente, posibilitadora de cierto tipo de cine, recuerda las tesis de Kracauer.

La serpiente y el arco iris

Dirección: Wes Craven. Guión: Richard Maxwell y A. R. Simoun, inspirado en el libro de Wade Davis The serpent and the rainbow. Fotografía: John Lindley. Música: Brad Fiedel. Producción: David Ladd y Doug Claybourne. Estados Unidos, 1987. Intérpretes: Bill Pullman, Cathy Tyson, Zakes Mekae, Paul Winfleld, Brent Jannings, Conrad Roberts, Badja Djola, Tlieresa Merritt. Estreno en Madrid: cines Imperial, Gayarre, La Vaguada y El Españoleto (versión original).

Aficionado a mover bruscamente la cámara, creando desasosiego en la mirada del espectador, Wes Craven no rehúye los viejos recursos genéricos, que finalmente logran apabullar. al espectador tanto o más que los complejos efectos especiales de los que tanto abusan otros especialista de este género cinematográfico.

Antropología

Wes Craven ha elegido en el presente título, La serpiente y el arco iris, como inspiración argumental, el libro del antropólogo Wade Davis, cuya acción transcurre en Haití, donde el reino del espíritu interfiere en la realidad y donde los diablos mortales del régimen dictatorial, los tonton macoutes, conviven con las prácticas del vudú y el vagar de los zombies.

Entre el colorismo folclorista, el romance amoroso y la denuncia política, la intriga terrorífica discurre interesando, en ocasiones, sorprendiendo a veces, aunque, curiosamente, se disfrute más con el desarrollo dramático de la investigación del protagonista que con sus alucinaciones terroríficas. El resultado de todo ello es que funciona mejor el suspense de la historia que los efectismos que la rodean.

La habitual intromisión de lo extraordinario en lo real, característica propia del género fantástico, está matizada en La serpiente y el arco iris por el hecho cotidiano en Haití, donde la convivencia con las prácticas del vudú y muertos vivientes pertenece a la propia realidad que no es presentada en la película.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0027, 27 de abril de 1988.