Un problema político
Por lo demás, no caben muchas dudas de que la vecindad del Primero de Mayo ha animado a Comisiones Obreras, secundadas por los otros sindicatos, a plantear esta movilización frontal a un Gobierno cuyo presidente está ya más que acostumbrado a no dar la cara ante la adversidad. Ningún otro dirigente europeo se permitiría una ausencia tan descarada como la de Felipe González ante este conflicto que afecta de manera determinante a la ciudadanía. La práctica conocida de enviar a sus ministros a abrasarse entre las llamas de la confrontación, como si estas cosas no tuvieran que ver con él, está terminando por agotar a un equipo de gobierno que permanece, eso sí, contra viento y marea, contra silencio y rumor.El caso es que, unos por otros, la gestión global de ministerio y enseñantes arroja un creciente descrédito de la enseñanza pública, una fuga del ciudadano hacia los colegios privados, cuando su presupuesto familiar se lo permite, y un deterioro imparable de la calidad del servicio. Eso no es una cuestión menor: en la educación de nuestros niños y jóvenes este país se juega su apuesta de futuro. Nos encontramos por eso ante un problema político y no sólo frente a una protesta sectorial. Y reluce por sí misma la indefensión del ciudadano ante el conflicto, del que es única víctima y principal perjudicado.
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