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Un emigrante español es el hostelero que compro el palacete de los Franco

José Antonio Oyamburu Goicoechea, emigrante español que hizo fortuna y actualmente se dedica a la hosteleria en Lemington, Reino Unido, será el nuevo propietario del palacio del Canto del Pico, en Torrelodones, adquirido por 320 millones de pesetas. Oyamburu, antes de emigrar al Reino Unido, trabajó de camarero en el que fue considerado el mejor hotel de montaña en 1940, el Felipe II, de San Lorenzo de El Escorial.

Francisco Oyamburu, hermano del comprador y párroco de Torrelodones, declaró, al ser preguntado por el destino que José Antonio Oyamburu pensaba dar al palacete, que no estaba autorizado a hacer declaraciones.La casa disfruta de exen ciones fiscales desde 1955, fecha en la que el Tribunal Supremo la declaró museo del Estado. Sin embargo, nunca ha estado abierto al público como tal.

Al parecer, Oyamburu hizo fortuna en la ciudad inglesa de Lemington, en donde ahora posee otro palacio dedi cado a la hostelería, en el que se dedica a la organización de grandes banquetes.

La operación de la compra-venta del palacio -cedido a Francisco Franco por el conde de las Almenas, José María de Palacios, en 1940- se ha realizado en secreto entre el marqués de Villaverde, -en representación de Carmen Franco-, y un intermediario inmobiliario de Torrelodones. Los 8.000 metros cuadrados de la finca y el palacio, monumento históricoartístico desde 1930, han costado 320 millones de pesetas.

Desvalijado

Pese a que los terrenos de la finca están sujetos a la ley de la Cuenca Alta del Manzanares, la Comunidad de Madrid no ejerció en su momento los derechos de tanteo y retracto sobre la compraventa del palacete. Al parecer, dada la imposibilidad de urbanizarla, al tener la consideración de "zona agropecuaria" en esa ley, el Canto del Pico se dedicará a hotel o restaurante de alto nivel, para lo cual los nuevos propietarios deberán entablar negociaciones con la Comunidad de Madrid. El palacio, que ha sufrido dos incendios, está en condiciones ruinosas, y de su interior han desaparecido objetos de gran valor artístico e histórico.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 27 de abril de 1988