Crítica:CINECrítica
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Revelación de una actriz

Al filo de la noticia (Broadcast News) era una de las películas candidatas a algunos de los oscars mayores en la jornada del pasado lunes. No obtuvo ninguno. Y, no obstante, comparada con la mayoría de sus rivales, no se merecía este vacío.Es una obra más que estimable y hay en ella, sin que estas virtudes logren convertirla en una obra de altos vuelos, rasgos de buen cine, procedentes de uno de los más ricos filones del cine norteamericano tradicional: el de la aventura del trabajo y la dinámica de éste considerada como marco provilegiado para averiguar el fondo de los caracteres y los comportamientos.

Este tipo de cine es, ante todo, obra personal de los actores. Si éstos no logran mantener en pie a sus personajes, si se vienen abajo, se derrumba con ellos la película toda. En cambio, cuando los actores viven y hacen vivir a sus personajes, mano a mano con ellos vencen y convencen, el filme sube vertiginosamente de tono y hasta puede llegar a funcionar como una maquinaria perfectamente engrasada.

Al filo de la noticia

Dirección, guión y producción: James L. Brooks. Fotografía: Michael Ballhaus. Dirección artística: Charles Rosen. Música: Bill Conti. Estados Unidos, 1987. Intérpretes: Wilbam Hurt, Holly Hunter, Albert Brooks, Robert Proski, Lois Chiles, Joan Cusack. Estreno en Madrid: cines Coliseum, La Vaguada, Multicines Pozuelo y (en versión original subtitulada) Renoir.

Es el caso de Al filo de la noticia, obra correcta pero poco ambiciosa, y tan primorosamente interpretada por su trío protagonista -Holly Hunter, Albert Brooks y William Hurt, por este orden de calidades- que el bordado de estas tres buenas composiciones eleva la película muy por encima del techo de sus ambiciones, logrando para ella una inesperada fluidez en su desarrollo e incluso una más inesperada magia en algunos instantes que tienen fuerza de captura y que provocan un creciente interés en el espectador por lo que ocurre en la pantalla.

Fuerza y gracia

El interés se intensifica y alcanza, a través de los actores, la altura de la fruición allí donde la comedia se funde en la tensión dramática de la aventura, en este caso, la aventura cotidiana de las pugnas personales en el programa informativo, de una cadena de la televisión estadounidense. Y del precipitado de esta fusión entre comedia y drama nace un tercer tono, indefinible e incluso imprevisible, de tal manera que el espectador nunca sabe exactamente cuándo en Al filo de la noticia se le invita a sonreír o a que se ponga serio. El director, James Brooks, domina la ambiguedad y esto es un buen indicio de que tiene, o puede llegar a tener, un estilo diferenciado.Quien mejor encarna la aludida fusión entre nervio cómico y nervio dramático es la actriz Holly Hunter, que hace una creación de enorme fuerza y gracia, una interpretación rica y contagiosa, en la que su continuo derroche de intuición está apoyado en un dominio de la técnica interpretativa muy poco común. Es toda una revelación la de esta singular actriz, que por todos los síntomas va a ser un rostro familiar para todos los aficionados al cine en los próximos años. Sol por contemplar a esta extraordinaria mujer merece verse Al filo de la noticia.

Película de buen ritmo, su director saca mucho partido a su propio -y no demasiado rico- guión, a causa de su seguridad y su tino en la dirección de los actores, que se percibe en que, junto a los tres excelentes protagonistas, encabezados por la maravillosa Holly Hunter, el resto del reparto actúa con tan notable soltura y homogeneidad, que da solidez a los cimientos de una película que, por otro lado, parece un castillo de naipes.

Obra si se quiere menor, pero que lleva dentro algunas palabras mayores del cine, Al filo de la noticia es una buena película de tono medio, tirando a alto. En el Hollywood clásico se hacían anualmente un buen puñado de estos filmes menores con rasgos mayores, tan directos y convincentes como libres de pretenciosidad. Pero hoy escasean de tal manera estos filmes, que cuando encontramos uno de ellos nos merece doblemente la pena añorarlo al mismo tiempo que lo contemplamos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0014, 14 de abril de 1988.