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38º FESTIVAL DE BERLÍN

El público berlinés ovacionó el filme español 'Jarrapellejos'

Ayer comenzó la recta final de la Berlinale 88, con dos calurosas ovaciones. Una estuvo dedicada a la única película española en concurso: Jarrapellejos, dirigida por Antonio Giménez-Rico. La otra fue arrancada dos horas después al exigente y apasionado público de las sesiones matinales por la estadounidense Moonstruck, una comedia llena de encanto, divertidísima y perfectamente construida por Norman Jewison. Es este filme uno de los más firmes candidatos al Oscar de Hollywood a la mejor película de 1987, y, por supuesto, también al inminente Oso de Oro de esta edición del festival berlinés.

Antonio Giménez-Rico, en la conferencia de prensa que siguió a la proyección de Jarrapellejos, se explicó así ante la extrañeza que este título provocó en algunos comentaristas alemanes: "es, en efecto, un título raro, desagradable y difícil de pronunciar incluso en mi idioma. Pero es el de la novela de Felipe Trigo y lo hemos mantenido porque así mostramos nuestra conformidad con la procedencia literaria de la película"."La novela es muy complicada. Contiene varias historias confluyentes. En el cine de hoy se tiende a hacer películas con ideas, y no digo que eso esté mal, sino que yo prefiero hacer otra cosa: volver al cine que se hace con narraciones, porque una narración siempre nos acerca más a la esencia del cine que una idea", añadió el cineasta español en la rueda de prensa.

"Jarrapellejos", prosiguió Giménez-Rico, "es un fresco de la España bárbara, esa que, incluso todavía hoy, nos separa de Europa, aunque la barbarie no sea un patrimonio exclusivo de mi país, sino de todos los países, aunque cada uno lo sufra a su manera. Esa barbarie española, que es la materia narrativa de la película, ha sido empleada como una metáfora que puede ser inteligible en cualquier lugar del mundo, pero compuesta desde la singularidad de su procedencia".

De la negrura a la atrocidad

"Es, ciertamente, una historia brutal, terrible, y que transgrede una convención del cine: esa que convierte a los malvados en perdedores", añadió el director. "De ahí que el gusto por el espectáculo que hay en la película, lleve, a mi juicio, una carga de profundidad. Por eso, Jarrapellejos, que empieza de manera festiva, como una comedia, evoluciona hacia la negrura y desemboca en la atrocidad".Giménez-Rico se explicó con esta diafanidad ante un público al que supo ganarse con su película y con su palabra.

El resto de la aportación española a la Berlinale 88, además de la participación en el agitado y popular Forum de la producción de TVE (recientemente galardonada con el primer premio del Festival del Popoli en Florencia) En el nombre de Dios, dirigida por Patricio Guzmán, se limitó a dos películas participantes en el prestigioso Panorama: Testigo azul, de Francisco Rodríguez; y El vent de I`illa, de Gerard Gormezano. Ambas tuvieron mala acogida.

Es completamente incomprensible que una película como Testigo azul participe en un festival internacional de esta envergadura. Se trata de un filme pésimo, que provocó risas sardónicas durante su proyección y abucheos al final de ésta.

Por su parte, El vent de l'illa es una obra con evidentes rasgos de talento, encuadres y tempos realmente exquisitos, un vigoroso estilo aún no completamente definido, pero con una dolorosa vaciedad interior, por la elementalidad del juego de actores y, sobre todo, en el candoroso y soporífero guión.

Esta inmadura película de un cineasta más que prometedor dejó al final desierta la sala del Atelier, que al principio estaba casi completamente llena.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 22 de febrero de 1988