Crítica:MÚSICA CLÁSICACrítica
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Espléndido recital de Christa Ludwig

Hace dos años, por estas mismas fechas, la cantante alemana dio una espléndida lección de canto en el teatro Principal y dentro también de los conciertos de la Sociedad Filarmónica.Ahora, tras un comienzo titubeante en Schubert, en el que la voz tuvo que adaptarse a la acústica un tanto reverberante del Palau, ha vuelto a imponerse la mezzosoprano. Se enfrentaba también al recuerdo de una voz grande, la de Montserrat Caballé, que había dado un magnífico recital dos días antes.

Pero, en el terreno del lied, la gran cantante wagneriana y mozartiana (excelente Waltraute y Dorabella, por ejemplo) impuso una Enea de canto hoy escasa, por justeza en la expresión y naturalidad en la emisión. En el mundo de las voces, en el que siguen siendo pocos los escogidos, y en el que somos ciertamente tolerantes, Christa Ludwig representa -valor añadido al recital en sí- la rara estirpe del cantante clásico, al que pertenecen un Fischer-Dieskau o un Alfredo Kraus.

Recital de Christa Ludwig

Christa Ludwig, mezzosoprano. Lieder de F. Schubert, J. Brahms, L. van Beethoven, R. Wagner y R. Strauss. Edelmiro Arnaltes, piano. Concierto de la Sociedad Filarmónica. Palau de la Música de Valencia, 15 de febrero.

Admirable homogeneidad

Dueña de un timbre rico de mezzo-acuta, admirable por su homogeneidad, la perfecta impostación de todos los registros y un fraseo matizado sin recurrir al exceso dinámico, Ludwig ofreció un programa que tuvo sus cimas en el canto melancólico e intimista de Nur wer die Sehnsucht kennt, de Schubert; Immer leiser wird mein SchIummer, entre un Brahms de gran altura desde la línea clásica de Dein balues Auge y el grave recogimiento.Traume, de R. Wagner, fue uno de los momentos mágicos del recital, atenido a la fascinación del mundo del Tristán, estímulo de este destacado Wesendonck-lied. En Ruhe meine Seele, de Richard Strauss, la contención y la sensibilidad de la cantante fueron ejemplares.

Hoy, la voz de la mezzo, a sus 60 años, ha perdido, acaso, volumen y plenitud en el agudo, y el programa no lo prodigaba -con respecto al de hace dos años-, pero mantiene esas características de bel canto, cuyo lirismo o vehemencia no recurren al truco y que en estos últimos meses hemos escuchado, en Valencia, a Kraus, Caballé, Enedina Lloris, Edda Moser, y que la Sociedad Filarmónica completará el próximo mes con la actuación del gran bajo rossiniano Samuel Ramey.

El pianista Edelmiro Arnaltes, excepto en algún momento como Die Forelle, excesivo de volumen y falto de nitidez, mantuvo la corrección acreditada por su extensa actividad concertística.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 17 de febrero de 1988.

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