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Crítica:"POP" / "ROCK"

Todo un descubrimiento

Que Deacon Blue es una excelente banda se veía venir desde su elepé de debú, Raintown. Faltaba comprobar si el acierto de ese disco era corroborado por el filtro selectivo del directo. Y no sólo fue así, sino que Deacon Blue dejó boquiabiertos a los asistentes en varias ocasiones. No importó para nada la penuria de luces y efectos; Ricky Ross, ejemplo de cómo liderar un grupo, no los necesita. Ross está llamado a ser uno de los nombres del futuro. Lo tiene todo: una planta de chico rebelde moviéndose a lo Springsteen (vaquero gris, camisa blanca, las manos pasando una y otra vez por el pelo), registro y variedad vocal y, sobre todo, una personalidad arrolladora, que conecta con el público rápidamente. Anteayer tardó cinco segundos. Bastaron los primeros acordes de Raintown, en versión acústica, con las voces de Ross y Macintosh complementándose a la perfección -él, rompiéndola, como el Boss; ella, dándole una limpia calidez-, para entrever lo que se avecinaba.Con mucha mayor fuerza que en disco, pero sin perder limpieza, Deacon Blue, conducido por Ross y Macintosh -no pararon de cortejarse durante la hora y 20 minutos de concierto-, mostraron las posibilidades del nuevo pop escocés. Con un público entregado que no paró de tararear las canciones y de dar palmas, Deacon Blue se permitió el lujo de versionear, magníficamente, el Little red corvette de Prince, de improvisar, de pasar de la melancolía a la más exultante alegría sin que las transiciones lastraran la noche, para acabar de la única forma posible: con una versión más rítmica y alegre de Raintown, el tema con que había comenzado. No habría podido acabar de mejor forma.

Concierto de Deacon Blue

Ricky Ross, voz; Lorraine Macintosh, voz; Graeme KeDing, guitarra; Ewan Vernal, bajo; Jim Prime, teclados; Dougie Vipond, batería.Sala Rock Club, domingo 7 de febrero.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 9 de febrero de 1988