Basura británica
Los británicos son las personas más sucias del mundo. Adonde quiera que vayan, dejan un rastro de latas de cerveza y cajas de hamburguesas: quizá un tesoro para los arqueólogos del futuro, pero algo molesto para los visitantes, y para los que tienen que soportarlo. Los desperdicios son algo para lo que ni siquiera Margaret Thatcher ha encontrado una solución definitiva. Hacemos algunas sugerencias.Lo primero: los envases sin devolución deben ser retornables. Usar el principio de que el que ensucia debe pagar y aplicar lo mismo a los fabricantes. Debe pedirse a éstos que incluyan en el precio de sus productos un depósito para el envase. Esto puede aplicarse a latas, botellas y cualquier otro envoltorio que no sea biodegradable. Podrían excluirse los paquetes de cigarrillos y las bolsas de patatas. Tal política sería recibida agriamente por la mayoría de los fabricantes y algunos consumidores. Pero ello se ha hecho en 10 Estados de EE UU y la cantidad de desperdicios disminuyó entre un tercio y la mitad. Sólo un 13% del vidrio se recicla en el Reino Unido, en comparación con el 48% en Holanda, el 46% en Alemania Occidental y el 28% en Francia. Cuanto más limpio se encuentra un sitio, menos lo ensucia la gente. Muchos de los británicos de hoy día han olvidado o no han aprendido aún las costumbres de orgullo cívico. La nueva clase media de Margaret Thatcher ne cesita adquirir algo de la disciplina de la antigua clase media.
6 de febrero


























































