Las panceas de Galeano
En su artículo Hasta el mapa miente (EL PAÍS, 31 de diciembre de 1987), Eduardo Galeano pinta un cuadro apocalíptico, y en parte veraz, de la miseria y la opresión que pesan sobre América Latina. Al leerlo, evoqué parecidas, y no menos veraces, descripciones de los horrores que atormentaron a los pueblos ruso, chino, polaco, rumano, etcétera. Dichas descripciones justificaban, hace décadas, la formulación de teorías contrarias a la democracia y la libertad formales de las que también abomina Galeano, y la exhortación al alzamiento armado. El alzamiento se produjo en unos casos, y en otros fue sustituido por la intervención del Ejército soviético. Pero ahora, al cabo de ingentes sacrificios realizados en aras del porvenir, los responsables de las perestroikas soviética y china vienen a decirnos que sus sociedades se convirtieron en focos de atraso, corrupción y autoritarismo. Y si el ritmo de cambio no se acelera, habrá que esperar hasta el año 1999 o el 2020 (40 años como en China, o 70 como en la URSS), para que un renovador cubano denuncie con idéntica vehemencia la degeneración de la dinastía de los hermanos Castro y de quienes para entonces los habrán sucedido.Visto lo cual, las panaceas que están implícitas en la ideología de Galeano son tan tentadoras como un tratamiento con talidomida para una embarazada. Hoy, los efectos visibles del socialismo real no son menos conocidos -gracias a las confesiones de sus expertos- que los de la droga teratológica. Quienes, al fin y al cabo, tendrán que pagar, a diferencia de Galeano, las consecuencias del experimento, seguramente preferirán las modestas pero palpables virtudes de la democracia formal costarricense. O los modestos cambios que el mismo Galeano vislumbra en la política colectiva de los gobernantes latinoamericanos respecto a la deuda externa y los acuerdos de pacificación en Centroamérica.- Barcelona.
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