El proceso contra Marcinkus sigue su curso

La decisión del Tribunal Supremo italiano de anular la orden de detención del banquero del Papa, Paul Marcinkus, firmada por los magistrados de Milán el viernes, ha causado gran impresión en el país. El proceso seguirá su curso, y Marcinkus y sus dos colaboradores seglares podrían igualmente un día acabar condenados por la justicia italiana.

El hecho de que los acusados puedan ya circular libremente protegidos por el artículo 11 del Tratato de Letrán -de origen fascista y que concede la inmunidad a los organismos centrales de la Iglesia católica- fue duramente criticado ayer por el catedrático de Derecho Eclesiástico de la universidad de la Sapienza de Roma Francisco Finocchiaro.En primera plana del diario La Stampa, el famoso jurista afirma que el Instituto para las Obras de Religión (IOR), o banco del Papa, no es un organismo central de la Iglesia católica, sino más bien un simple organismo financiario del Vaticano, y que además el artículo 11 que el alto tribunal ha interpretado a favor de Marcinkus no se puede referir a actos "contrarios a las leyes penales". Y da un ejemplo: si Marcinkus o uno de sus colaboradores hubiese disparado un misil contra la sede del Banco Ambrosiano de Milán, nadie se hubiese atrevido en dicho caso a invocar a su favor el Tratado de Letrán para concederle la inmunidad.

Il Corriere della Sera afirmó ayer que la sorpresa de la decisión a favor de Marcinkus -a pesar de las 24 páginas de acusaciones de los jueces de Milán, de la sentencia a favor de su detención del Tribunal de la Libertad y de la dura intervención del propio fiscal del Supremo, Enzo Iannelli, que había pedido días atras a los magistrados del Tribunal Supremo que subrayasen la decisión de los jueces milaneses- ha sido tal que si alguien hubiese apostado a favor de Marcinkus "sería ahora millonario".

Los jueces de Milán por el momento han preferido esperar a conocer el texto completo de la sentencia del Supremo antes de comentarlo. Habían acusado a Marcinkus, a Luigi Mennini y a Pellegrino de Strobel de complicidad en la bancarrota fraudulenta, en 1982, del Banco Ambrosiano.

Entre tanto ha explotado una dura polémica entre el Vaticano y el secretario socialista y ex presidente del Gobierno Bettino Craxi, quien había criticado la injerencia de la Iglesia en las últirnas elecciones políticas a favor de la democracia cristiana. El diario oficioso vaticano L'Osservatore Romano respondió ayer a Craxi: "Quede claro que la Iglesia nunca estuvo dispuesta a hacerse amordazar y que tampoco lo estará ahora". L'Avanti, órgano oficial del Partido Socialista Italiano (PSI), ha replicado calificando la actitud del Vaticano de "completamente extraña a la tradición de la Iglesia en el último cuarto de siglo".

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