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El peligro de las fábricas de embriones

El Consejo de Europa ha recibido un informe encargado al médico Marcelo Palacios

Los avances científicos en reproducción humana hacen urgente una regulación de la utilización del material embriológico humano y de los nuevos métodos de reproducción, diagnóstico y tratamiento. Marcelo Palacios, encargado por el Consejo de Europa de redactar un informe sobre el estatuto biológico del embrión -informe que ha sido entregado recientemente a esta institución-, cree que la ciencia no se puede parar y que es mejor regular que negar posibilidades que ya existen técnicamente.

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El trabajo encargado a Palacios, médico, diputado socialista desde 1982, desarrolla una recomendación del Consejo de Europa, con fecha de septiembre de 1986, sobre el uso de embriones humanos para diversos fines que ya incorporó 13 enmiendas de las 17 presentadas por los representantes españoles.El Consejo de Europa, que agrupa a 21 países, ha tomado el liderazgo para dar pautas a los países miembros sobre la armonización de sus textos legales relativos a las nuevas técnicas de reproducción. El informe de Palacios será discutido en septiembre en la reunión del Consejo de Ciencia y Tecnología a celebrar en Copenhague y tiene varios puntos que se consideran conflictivos. Así, se plantea la prohibición de crear embriones para cualquier fin; por ejemplo, exclusivamente para fines de investigación o comercialización, lo que debe ser aprobado por todos los países para garantizar su cumplimiento. Sin embargo, otros avances, como la congelación de embriones para su posterior uso, es algo generalmente aceptado, a pesar de los problemas legales y éticos que plantea. "Lo discutido ahora es la congelación de óvulos, porque el óvulo es una célula muy grande que puede sufrir modificaciones con la congelación", explica Palacios.

Palacios, que se ha basado para su informe en gran cantidad de documentación procedente de instituciones de diversos países y en una reunión de expertos celebrada en mayo en París, señal que las cosas han cambiado tan to que no valen siquiera los términos utilizados hasta ahora.

Un cambio muy importante es la nueva división de las etapas del desarrollo humano a partir de la concepción. Se está imponiendo el término preembrión, que recoge la etapa que va desde los 0 a los 14 días. "En esta etapa existe una indefinición genética del futuro ser. Puede pasar cualquier cosa", explica Palacios "Puede derivar hacia un tumor o mora, puede dar lugar a gemelos o a lo que se conoce como dos seres en uno. Hasta el decimocuarto día no se empiezan a formar los órganos y el sistema nervioso". En esta etapa el óvulo fecundado no está implantado y no existe relación con la madre. Por tanto, se estima que, a efectos éticos, esta etapa no puede ser considerada igual que la siguiente, la del embrión, que ya, en palabras de Palacios, "no tiene más remedio que seguir siendo lo que es".

"Nosotros pensamos que los 14 días es el límite para realizar experimentos con preembriones en laboratorio, pero hay científicos como Edwards, interesados en el desarrollo del sistema nervioso, que desearían Regar a los 20 días". Edwards es el médico británico padre de la fertilización in vitro y 20 días es aproximadamente el plazo máximo que el estado actual de la ciencia permite mantener vivo un embrión en laboratorio. Los embriones proceden actualmente de los sobrantes de la fertilización in vitro (se extraen y fertilizan varios óvulos, pero se suelen implantar sólo tres) y la posibilidad de que este plazo de supervivencia aumente hace necesaria su regulación.

En realidad, un solo avance como es la fecundación in vitro ha trastornado todo lo existente anteriormente. Un óvulo fecundado en laboratorio puede estudiarse exhaustivamente para detectar anomalías genéticas, cosa que actualmente sólo se puede hacer en embarazos normales con determinadas enfermedades y cuando ya han transcurrido dos meses de gestación. En este óvulo se podría llegar en el futuro a determinar el sexo y otras características físicas por métodos de ingeniería genética, cambiar genes enfermos por sanos y manipularlo hasta el infinito antes de desecharlo o proceder a su implantación en el útero.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de julio de 1987