Golpe mortal al "plan Arias"

Reagan veta la iniciativa para Centroamérica del presidente de Costa Rica

El plan Arias para resolver la crisis de Nicaragua recibió un golpe mortal esta semana de manos de Ronald Reagan, quien vetó la iniciativa del presidente de Costa Rica en una entrevista celebrada, por sorpresa, entre los dos políticos en la Casa Blanca. Estados Unidos hizo saber claramente a Óscar Arias, el miércoles, que es inaceptable interrumpir la ayuda militar norteamericana a la contra nicaragüense, punto clave del proyecto de paz costarricense, simultáneamente con un alto el fuego y la apertura de un proceso de democratización por parte del régimen sandinista de Nicaragua.

La entrevista confirmó que la Administración de Reagan, a pesar del escándalo Irangate, no abandona su política beligerante hacia Nicaragua, rechazando cualquier. compromiso que permita a los sandinistas continuar en el poder. Arias manifestó su disgusto y pesimismo tras la entrevista y afirmó que su plan será un cadáver si el Congreso aprueba la ayuda a los rebeldes que solicitará Reagan en septiembre. Éste aprovechó su encuentro con Arias para reiterar que "continúa absolutamente comprometido a obtener nuevos fondos del Congreso" para la contra. La paz y este deseo son "incompatibles", explicó Arias, que acudió a Washington en un intento de salvar su plan.Arias fracasé en su intento de persuadir a Reagan de que concluyera la ayuda a la contra, que, en su opinión, no es la solución, sino el problema, y diera una oportunidad a su plan de paz. Ese objetivo, respondió Reagan, no se logrará si no se mantiene la presión militar. Washington cree que su política de bloqueo económico y guerra mercenaria contra Nicaragua está ya dejando sentir sus efectos, poniendo al país al borde del caos y aislando cada vez más al régimen. A este respecto se destaca en Washington como un signo positivo el recorte del suministro de petróleo soviético a Nicaragua.

Los demócratas acusan

Los demócratas han acusado inmediatamente al presidente de "rnatar" al plan Arias. "Es un hecho que la Administración se opuso a él desde el principio, instruyó a sus embajadores y envió a sus funcionarios, de capital a capital centroamericana sugiriendo ideas para destruirlo. Su objetivo es utilizar el plan para ganar tiempo y arrancar al Congreso nueva ayuda para los contra", afirmó el senador demócrata Christopher Dodd, presidente del subcomité de Asuntos Hemisféricos. La entrevista en la Casa Blanca, de una hora de duración, fue un diálogo de sordos que enfrentó a Arias con Reagan, con el vicepresidente George Bush, con el consejero de Seguridad Nacional Frank Carlucci, con el jefe del Gabinete presidencial Howard Baker y con el número dos del Departamento de Estado - el secretario de Estado adjunto para Latinoamérica, el controvertido Elliot Abrams, declarado "indeseable" por haber mentido al Congreso en el Irangate-, y con el embajador volante para Centroamérica, Philip Habib.Arias fue convocado urgentemente a Washington cuando se encontraba en Indianápolis, en visita privada, asistiendo a un seminario económico. A principios de semana Habib había volado a El Salvador, y horas después, en lo que se entiende como una maniobra norteamericana, el presidente salvadoreño, José Napoleón Duarte, boicoteaba la cumbre de presidentes centroamericanos prevista para el 25 de junio en Guatemala, alegando que es necesario un mayor trabajo previo. Duarte, absolutamente dependiente de Washington económica y militarmente, ha logrado posponer la reunión de Esquipulas. El plan Arias le obligaría a negociar con su guerrilla interna.

Reagan y sus asesores criticaron el plan Arias argumentando que es demasiado favorable a los sandinistas, de los que, gratuitamente, levantaría la presión militar, sin garantías de que cumplieran su parte de democratización. Reagan le dijo a Arias que "la mayor preocupación debe ser que los sandinistas lleven a cabo una auténtica democratización antes de que la presión sobre ellos sea levantada". Estados Unidos rechaza la secuencia del plan Arias. "Lo que éste propugna" explicó un funcionario gubernamental, "es destruir a los rebeldes antes de que los sandinistas ofrezcan seguridades de que observarían el alto el fuego y cumplirían el acuerdo de convocar elecciones libres. Ya prometieron elecciones democráticas cuando tomaron el poder, y aún estamos esperando".

Arias comentó en privado que Washington no tiene el coraje de arriesgarse por la paz, y uno de sus asesores se lamentó de que los norteamericanos insisten únicamente en el peligro de negociar con los sandinistas y no quieren ver los aspectos positivos de un diálogo. El encuentro de la Casa Blanca, según una fuente costarricense, fue "tenso, directo y brusco".

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Valientes y cobardes

Óscar Arias comprobó en Washington lo que ya temía y que gráficamente, refiriéndose a su plan de paz, explica con una frase de Oscar Wilde: "Los valientes matan con la espada y los cobardes con un beso". A pesar de que el Irangate ha puesto en peligro que el Congreso vote otros 100 millones de dólares (12.500 millones de pesetas) para los rebeldes y de la entrada de un nuevo equipo en la Casa Blanca, que algunos consideran más pragmático, la Administración mantiene inflexible su postura de dureza frente a Managua.EE UU no quiere de ningún modo una cumbre de los cinco países centroamericanos, por limitados que sean sus resultados, antes de que el Congreso mantenga viva, con un nuevo voto este otoño, la ayuda militar a la contra. Recibiendo a Arias en Washington, Reagan trata también de aparecer, antes del debate, como partidario de una solución negociada en Centroamérica. El presidente, tras su encuentro con el presidente de Costa Rica, expresó su confianza en que "las democracias centroamericanas (sin Nicaragua, por supuesto) trabajen juntas en las próximas semanas para reforzar los aspectos democráticos del plan Arias".

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 20 de junio de 1987.

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