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Crítica:

Fuego y hielo

Dance wíth a stranger

Director: Mike Newell. Intérpretes: Miranda Richardson, Rupert Everett, lan Holm, Matthew Carrofi, Tom Chadbon. Guión: Shelagh Delaney. Fotografía: Peter Hanna. Música: Richard Hartley. Reino Unido, 1985. Estreno en cines Palacio de la Música, Novedades, Aluche y California.

Como la mayoría de los nuevos' directores británicos, NeweIl procede de la televisión. Como Kaniewska, están logrando que la tantas veces anunciada y aplazada resurrección del cine británico sea un hecho real; Newell dirige su primer largornetraje después de ganarse una reputación como realizador de televisión. Esta experiencia de trabajo continuado para la pequeña pantalla, sumada a la competencia de los técnicos ingleses, determina, en cierta medida, el aspecto del filme, muy cuidado y elegante, así como la sensación de seguridad que transmite el fluir del relato, que puede llevar un ritmo algo cansino, pero nunca se detiene o se sale del camino trazado.

Dance with a stranger está basada en un caso real, la historia de Ruth Ellis, la última mujer ahorcada por la justicia inglesa. Era el año 1955, y una rubia platino, que había sacrificado su carrera -por otra parte mediocre y sin demasiado futuro- y su vida para conseguir mantener el amor de un joven y aristocrático corredor de coches, decide que ya ha sufrido demasiadas humillaciones.

El resultado es un hombre muerto y un proceso en el que ella será considerada culpable. La película cuenta esto y los motivos de los celos de Ruth -formidable Miranda Richardson-, que incluyen tanto el sentirse despreciada como clásicos conflictos triangulares : Sobre el papel, nada nuevo ni especialmente distinguido, pero en la práctica una película hecha con gran sobriedad y justeza, algo así como una versión anglosajona del estupendo melodrama de Valeria Sarmiento basado en Corín Tellado. Newell no sólo logra que aparezca el fuego de una pasión que ha de culminar en asesinato, sino que lo consigue a través de una puesta en escena gélida, en la que todo está calculado, en la que la cámara nunca se distrae, a base de iluminaciones realistas y tenebrosas.

Esa suma de crónica de sucesos, fotonovela, clase y pasión constituye su atractivo: un retrato del choque entre las normas burguesas posvictorianas vigentes entre los bien nacidas en el Reino Unido de después de la II Guerra Mundial y los deseos de libertad de la neurótica Ruth, que sólo puede escapar a una atmósfera asfixiante tiñéndola de sangre.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de junio de 1987

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