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Crítica:'POP'

Luz y danza

El programa del día de San Isidro en el Auditorio de la Casa de Campo no logró llenar el recinto, pese a su atractivo. Todavía había polvo en el ambiente de los bailes promovidos el día anterior por la Orquesta Mondragón, cuando Danza Invisible saltaron al escenario para demostrar que también se puede conectar con propuestas menos evidentes. Su música es un pop bastante peculiar, con duras y sencillas guitarras que sostienen canciones de estructura nada fácil muy bien cantadas y llevadas por Javier Ojeda y con el ritmo garantizado por la batería de Ricardo Teixido. El quinteto tiene un d¡recto muy trabajado, recientemente han publicado un doble elepé en vivo, y la aspereza de sus composiciones no impidió que el público participase encantado.Luz gusta si gusta Luz, porque es precisamente encanto. Es una artista que necesita atención, porque su atractivo se muestra en detalles apenas perceptibles. En un ligero movimiento de cabeza o en los matices al interpretar canciones que no enganchan fácilmente, pero que defiende a cuerpo descubierto con una energía admirable y el magnífico guitarrista Paco Palacios a su vera. Luz deslumbrará cuando el público aprenda a mirar a los ojos.

Concierto de Danza Invisible y Luz

Auditorio de la Casa de Campo. Madrid, 15 de mayo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 17 de mayo de 1987