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CARTAS AL DIRECTOR

La tentación del barullo

En abierto contraste con el artículo El cambio todavía, aparecido el domingo 25, que presentaba, a mi juicio, un ajustado análisis de urgencia sobre la actual situación política española, he tenido el disgusto de leer el editorial Lo tentación del barullo, del pasado día 28. El primero señalaba como telón de fondo el divorcio o incomunicación -si se prefiere- entre el Gobierno y la sociedad, junto a la irrelevante capacidad de respuesta del sistema representativo, valorando la actual protesta estudiantil como síntoma del estado de ánimo de una mayoría social que no se siente atendida (sic).Al parecer, la jornada de descanso y reflexión dominical que usted aconsejaba a nuestros gobernantes el día 25 ha dado frutos tempranos que le permiten, en el transcurso de sólo tres días, tachar de violentos, incontrolados e irrecuperables incorformistas a los que otrora parecían simbolizar la esencia de la España real: movimiento estudiantil; todo porque la presión en la calle no ha sabido moderarse lo suficiente y reconocer el súbito acceso de hiperestesia de los otrora presos de un pertinaz aislamiento respecto de la sociedd civil: Gobierno.

Quiero creer que tras esta inesperada mutación de la relación protagonista-antagonista en esta película, no hay más que una sombra, familiar para los seguidores de EL PAÍS, de esa seudofilosofia, orteguiana, excelente en ocasiones para diagnosticar los males del poder pero resuelta y deliberadamente incapaz para interpretar y entender el fantasma de la rebelión de las masas.

Lo que no alcanzo a imaginar es la razón profunda que le mueve a condenar por las vías del paternalismo y la descalificación más abyectas la huelga que muchos profesores de enseñanza media estamos protagonizando estos días. A nosotros ni siquiera nos da la oportunidad de convertirnos durante unos días en "símbolos del malestar social existente"; de primeras se nos acusa de "rentabilizar el caos" servido por nuestros discípulos, a la par que se nos tilda indirectamente de irresponsables.

Quiero creer que tras este excéntrico arrebato de estulticia no hay sino un intento de resarcir al amigo en otro tiempo fustigado.

Pues muy bien: que le aproveche la cena en la Bodeguilla. Verdaderamente, señor Cebrián, no ha podido ser más explícito y exacto en la elección de un título para definir la línea editorial de su periódico ante el conflicto suscitado en la enseñanza española. Lamento mucho que haya caído en la tentación.- . Catedrático de Geografa e Historia. Instituto de Bachillerato Pablo Serrano de Andorra. .

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 8 de febrero de 1987